El silencioso protector de Santiago

Casi 400 años han pasado desde que el Cristo de Mayo se convirtió en una figura emblemática, que no sólo habla de arte sino de cultura y tradición chilena.

Por Isabel Pinto

Todos los 13 de mayo, cientos de fieles se congregan en la popularmente llamada Iglesia de los Agustinos, cuyo nombre oficial es Templo de Nuestra Señora de Gracia, para salir en procesión junto a la figura del Cristo de Mayo o Cristo de la Agonía. Este año fue la excepción, y se cumplieron así 370 años desde el trágico terremoto que lo convirtió en una figura reconocida.

Tallada por el padre Pedro de Figueroa, del convento San Agustín de Santiago, es reconocido por la corona de espinas que está en su cuello como consecuencia del trágico terremoto del 13 de mayo de 1647.
A raíz del devastador sismo, la ciudad resultó destruida, pero la imagen del Cristo permaneció intacta; desde esa fecha es tradición realizar una procesión con la imagen del Cristo recorriendo las calles de la ciudad, con motivo de conmemorar la acción milagrosa y también pedir la protección del Señor ante los terremotos y catástrofes que pudiesen ocurrir.

El Cristo de la Agonía de los Padres Agustinos genera gran devoción y ha estado ligado a la historia de la ciudad por cerca de 400 años, permaneciendo vigente aún con el paso de los años.

Para Patricia Silva, directora del departamento de arquitectura del Arzobispado de Santiago, “la importancia de esta figura va más allá de su valor como obra de arte, sino que se constituye como parte del patrimonio cultural y religioso inmaterial, debido a la gran cantidad de devoción que genera su figura y la cantidad de tradiciones e historias populares que se tejen alrededor de él. Esta figura genera una serie de expresiones culturales como la procesión de cada 13 de mayo”.

El Cristo de Mayo permanece hasta el día de hoy custodiado en la Iglesia de los Agustinos, templo ubicado en pleno centro de Santiago, de arquitectura predominantemente neoclásica, estilo que le dio Fermín Vivaceta a mediados del siglo XIX, pero su construcción data de 1665. La figura ha sido parte, incluso, de figuras históricas de nuestro país, como es el caso de La Quintrala, quien tomó el terremoto y la posición que adoptó la corona de espinas del Cristo, como un hecho divino.

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