Tres mujeres que la están llevando: conoce el recambio del arte chileno

María José Benvenuto, Mariana Tocornal y Camila Pino Gay ocupan distintas herramientas para perpetuar sus intereses, pero comparten el ser mujer artista en un país como Chile. Los comienzos, desafíos y planes a futuro en esta conversación con tres nombres imperdibles del arte contemporáneo nacional.

Por Bárbara Carvacho. Fotos por Sylvio Garcia.

En un mundo en el que prepondera vincular oficios y profesiones a hombres, una serie de talentos construye sus caminos siguiendo inspiraciones y motivaciones. Artistas que velan por retratar sus pensamientos y las visiones que tienen de la sociedad y el mundo; todas en su propia clave, con sus herramientas y técnicas favoritas. Ser mujer y artista, en un país que se abre a corrientes y colectivos dispuestos a entender lo plástico, lo gráfico y visual, como un registro clave para entendernos y perpetuarnos.

 Niñas y arte

“Yo tengo una mamá artesana, tiene un mundo artístico muy fuerte, fuimos a exposiciones desde que yo era niña y me encantaba”, adelanta Mariana, la dueña del taller que nos recibe esta tarde. “De chica sentí que me gustaba pintar pero tenía un ojo súper malo. Le ponía empeño igual en el óleo, pero pensé mucho tiempo que no podía estudiar artes porque lo hacía mal. Una vez, por cosas de la vida, terminé en el taller de Bororo y le conté que iba a estudiar diseño porque, aunque me gustaba el arte, no era buena. ‘¿Y tú crees que yo sé dibujar?’, me dijo, y jamás me olvidé: ‘esa es una de todas las áreas del arte, no tiene nada que ver’”. Así, el mismo Carlos Maturana le dio el empujón para entrar a Artes Plásticas en la Universidad Católica.

De la misma universidad viene María José. “Mis primeras relaciones con el arte son en la ferretería que tenía mi abuelo en Las Lilas”, dice deslumbrada por el recuerdo de “los tarros de pintura –que es con lo que pinto hoy, los alambres, las brochas. Siempre tuvimos que probar colores, mostrar a los clientes, y desde chica tuve relación con los materiales industriales”.

Camila Pino Gay es hija de artistas, “mi mamá estudia el arte y mi papá es restaurador. No tengo un momento exacto en el que lo descubrí, nací en eso. En mi casa hubo colecciones de La Moneda, del Bellas Artes, pinturas de mucha importancia y ese fue el gran acercamiento”, relata y agrega que pasó por el Colegio Artístico, donde se especializó en orfebrería y foto análoga; de ahí, llegó a la Universidad de Chile.

Son estos caminos los que llevaron a Mariana a introducirse en la porcelana, a María José en la pintura experimental y a Camila en la cerámica y la serigrafía sobre diversas superficies, sólo por mencionar algunas de sus aventuras más relevantes, porque tal como ellas dicen, el arte no es llegar y casarse con una técnica o material.

 Cada una a su manera

“Me interesa mucho el tema de la experimentación, de la pintura expresiva y gestual, y todo eso que viene de los procesos que se vivían en la ferretería, probando colores, chorreando tarros”, parte María José confirmando su corriente plástica formalista.

“Yo he mutado mucho, ni pensaba en cerámica. Durante toda la universidad creí que mi cerebro funcionaba en 2D. Ahora fusiono materiales. Este año partí con porcelana, empecé modelando y estoy en esto de sacarle la figura a un objeto real y reproducirlo”. Así, Pino Gay dio con las gomas de borrar, una de las tantas realidades que replica a punta de estos dos materiales, y la serigrafía. “Esa es la parte gráfica del objeto, que es lo que logra el engaño al ojo, que la persona piense que es el objeto real pero en realidad es porcelana”.

Mariana también creía que pensaba en 2D, “pero con las tazas cambié”, dice mirando uno de sus caballitos de batalla en la historia de su carrera. “Si dibujo tazas, pienso en tazas, pinto tazas, apilo tazas, por cultura general tenía que saber hacer una taza”. Aprendió y se encontró con la porcelana, con quien no se amarra pero sí confiesa adorar. Partió en el grabado, pasó por la pintura, y hoy convive el amor por imprimir sobre superficies con objetos concretos.

 Mujer artista

Dedicarse al arte en Chile es difícil, hacerlo siendo mujer cuesta el doble. “Hay que ser hombre orquesta, más bien mujer orquesta. Ser mujer juega en contra. Si eres hombre y te dedicas al arte, la tienes más fácil, pero eso es en cualquier disciplina. Una tiene que estar demostrando constantemente que es seria, que es profesional, que no se toma su trabajo como un hobby. Todo el tiempo preguntan ‘oye ¿y tú tienes taller?, ¿vas todos los días?, ¿trabajas en la tarde?’. El rollo del artista en Chile es como si no fuese un trabajo. Como mujer la historia no es mucho mejor”, cuenta Mariana, madre de dos, y ese no es un dato porque sí.

“Hay que tener mucha perseverancia para ser mujer artista. Una vez fui a una galería y me preguntaron si iba a tener guagua con un tono muy ‘no me sirves tanto si vas a dejar tirado el trabajo a la mitad’, y a un hombre jamás le preguntan esas cosas. Está mal porque dan por hecho que sólo nosotras nos hacemos cargo”, dice Benvenuto, que además de estar embarazada actualmente, ha expuesto en el GAM, Casas de lo Matta, en Forteza de Bazzo en Italia, Miami, y Suiza.

En cuanto María José suelta la noticia, Mariana le da tips. “Uno se pone más eficiente cuando es mamá porque tienes menos tiempo para perder. Vienes al taller, haces la pega en el tiempo establecido y te vas a casa sin trabajo, a tus otras labores”, comenta entre charlas sobre el cansancio de los primeros meses, el olor de los materiales y la posibilidad de criar niños con vida de taller. Eso también es ser mujer artista.

 El futuro

“Yo hace días que no tengo un finde, trabajo todos los días, ya se me fue de las manos”, ríe Pino Gay, que hoy por hoy prepara una de sus exposiciones más importantes en Shanghái. “El 12 de octubre es la fecha y es mucha carga laboral porque son bastantes pasos al momento de tratar serigrafía en porcelana. Los hornos, las pinturas, los detalles…”. Allá, a China, Camila llevará clásicos objetos de esta parte del mundo a una región que ya se maravilló con sus serigrafías durante el 2017.

María José, que actualmente trabaja con Matías Movillo en tutorías para enfocar el tono formalista, tiene una expo este 10 de octubre en el Edificio CV Galería, de Vitacura, donde fue Ch.ACO el año pasado. “Es una colectiva de tres artistas pero cada uno tendrá una sala individual”, cuenta sobre una de sus últimas muestras antes de ser madre.

La dueña de casa, cuyas obras han visitado Nueva York, Oaxaca, Milán, Londres, San Francisco, Brisbane, Sídney y Copenhague, además de nacionales como Ch.ACO, FAXXI y Art Santiago, está cruzando los dedos para diciembre, en espera de un Fondart clave para uno de sus desafíos más grandes: el Museo de Artes Visuales de Santiago, el Mavi. “Es individual. Estaré arriba y ando entre aterrada y feliz porque es un proyecto muy ambicioso: quiero levantar una instalación de porcelana en todo el centro del segundo piso. Es una cantidad de piezas ridícula, si hago el cálculo matemático ya no me alcanza el tiempo”, advierte sobre este plan con fecha 2020.

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