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Testigos de Katy Perry: el pop encendió la Pista Atlética del Nacional

Hija de pastores evangélicos y ex corista de una iglesia pentecostal. No es novedad que todo aquello quedara atrás en la vida de Katheryn Elizabeth Hudson, hoy, más que una cantante pop, una religión.

Katy Perry, la cantante californiana dueña de cuatro discos de estudios y una docena de sencillos pegajosos que se han adueñado de los charts de música popular, regresó por segunda vez a nuestro país la pasada noche del jueves a la Pista Atlética del Estadio Nacional, donde congregó a 16 mil asistentes de todas las edades que corearon y bailaron un setlist no menor de 19 canciones.

A las 21:07 horas, luego de ser teloneada por el cantante local, Augusto Schuster, Perry apareció en el escenario impulsada por un elevador, entre humo y música. Allí, cubierta por un brillante poncho de la bandera chilena, la artista inició su show con la canción principal de su más reciente álbum, «Witness», que también motiva su gira internacional iniciada en septiembre del año pasado en Montreal, Canadá.

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En su entrada, la intérprete tropezó levemente entorpecida por el mismo manto que reflectaba las luces con un rojo intenso diseñado para combinar con unas gafas que luego lanzó hacia su ansioso público.

A lo largo de una hora y media de concierto, el show Perry se paseó por toda su discografía, dando especialmente énfasis a su nuevo álbum y a los hits más emblemáticos de su carrera. La presentación se dividió en cinco actos temáticos precedidos por videos introductorios titulados «In the space», «Act my age», «Celestial body», «Mind maze» y «Video game».

En cada acto, como es de costumbre, la cantante fue variando sus estrafalarias vestimentas dando énfasis en los temas que los actos dictaban, así como algunos guiños a sus videoclips más conocidos. De esta forma, el público fue testigo una vez más de los clásicos «Dark horse», «Teenage dream» o «Hot ‘n’ cold», que fue tocada por la misma Perry en una guitarra eléctrica Flying V y con un aire más «rockero», mezclada también con el sencillo «Last friday night».

Los momentos íntimos, aunque más breves, no faltaron en un show donde la iluminación y la puesta en escena son esenciales. Para el inicio del cuarto acto, la artista apareció en el escenario con un traje plateado y, con una guitarra en mano pintada con la bandera nacional que, según contó, se la «regalaron antes del show». Entonces inició «Wide awake» mientras el público iluminó las gradas y la cancha con sus teléfonos celulares.

Para el final, «Swish, swish» y «Roar» desataron el baile y la electrónica mientras pelotas en forma de ojo eran lanzadas a los fans quienes ovacionaban a la californiana mientras aparecía nuevamente en el escenario sobre una mano inflable gigante y se despedía con «Fireworks». A efectos de la misma canción, los fuegos artificiales anunciaban el final de un culto religioso del que el público, sus testigos, seguramente saldrían a predicar las buenas nuevas de su principal evangelio: el pop de Katy Perry.

por Fabián Escudero

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