Columna de Sebastián Cerda: HUMOR Y MACHISMO, HORA DE PARAR

"La persistencia milenaria del machismo en sus diversas expresiones, el estiramiento de ese elástico mucho más allá de lo tolerable, nos llevó a un comprensible estado de saturación, y hoy ya no hay ánimo de discutir márgenes"

Por Sebastián Cerda

La situación fue hace cuatro años, pero esta semana se comentó como si hubiera sucedido recién: Dos jóvenes comediantes locales, en un extinto programa radial, festinaron groseramente con Denisse Malebrán, hablando sin pudores sobre los genitales de la cantante, y metiendo en el saco incluso la muerte de Felipe Camiroaga y las desapariciones en dictadura.

La desclasificación de este archivo es sin dudas pasmosa, y se vuelve más lamentable puesta en contexto: No sólo venimos de un cuestionamiento transversal a los cánones machistas que han imperado en nuestro humor; además asistimos a una de las semanas clave del movimiento feminista en nuestro país, al alero de las justas demandas que miles de estudiantes enarbolan en colegios y universidades.

Yerko Puchento y el panel de "CQC" han sabido también de esta indignación, aunque no con la aspereza que han enfrentado los autores de la "broma" a la cantante, y que hoy los tiene en tela de juicio. ¿En su justa medida o de forma inmisericorde?

La pregunta ya no tiene sentido. La persistencia milenaria del machismo en sus diversas expresiones, el estiramiento de ese elástico mucho más allá de lo tolerable, nos llevó a un comprensible estado de saturación, y hoy ya no hay ánimo de discutir márgenes. El vaso rebalsó y la indignación precipitó. Sea una talla desubicada, una afrenta o un atropello, a partir de ahora ya nada tendrá cabida.

En ese afán, sin dudas que habrá exageraciones difíciles de defender o compartir —como la restricción a periodistas hombres en la cobertura de marchas, planteada por algunas estudiantes—. Probablemente muchas veces nos parecerá que estímulo y reacción no están yendo de la mano. Pero sabemos que los cambios culturales, cuando son urgentes, no se consiguen sin remezones. Ya habrá tiempo para que el suelo se estabilice.

Volviendo al humor, algo similar vivimos tras el Festival de Viña 2011. En esa ocasión, a partir de rutinas como la de Tony Esbelt, asumimos que llevar la homosexualidad al plano de lo risible era algo que ya no debía aceptarse más, porque lo contrario nos llevaría a seguir reproduciendo prejuicios que debíamos desterrar de forma urgente.

Los dos comediantes que se burlaron de Malebrán no leyeron bien aquello. Quizá obnubilados por el afán de erguirse como deslenguados, irreverentes y provocadores, se dejaron llevar por una apuesta que ya entonces era soez, elemental y gratuita, y que hasta un machista redomado habría sido capaz de considerar inapropiada y de mal gusto.

Pero tampoco se trata de crucificarlos o desterrarlos. Ignacio Socías y Benito Espinosa han mostrado arrepentimiento, y tras una necesaria travesía por el desierto, seguramente volverán con la consciencia y la perspectiva que antes, a sus 23 años y quizá anhelando el despegue, no supieron tener. Ojalá el resto de la escena no necesite de semejante trance para asimilar esto de una buena vez: El machismo vestido de comedia, definitivamente ya perdió su lugar.

 

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