El fin de la Vedetón: nada que lamentar

Nuestro columnista Sebastián Cerda analiza el termino de este espacio característico de la Teletón

Por Sebastián Cerda

Comenzando a desmenuzar el término de la Vedetón, el clásico bloque de trasnoche que a partir de este año no irá más en la Teletón, de inmediato surge la pregunta: ¿Es que acaso es necesario examinar aquí la medida? ¿Existe algún punto en el que ésta se pueda siquiera cuestionar?

Lo cierto es que se trata de un tema que no resiste mayor análisis. Celebrando 40 años de cruzada solidaria, se hace evidente que el espacio protagonizado por mujeres con poco o nada de ropa extendió su vida útil mucho más allá de lo que el sentido común venía previendo, incluso sin tanta alusión a los cambios culturales de por medio.

Porque tras partir en las plumas, apelando a cierta picardía con visos de erotismo, el segmento terminó escapándose de cualquier fin inicial que pudo haber tenido, hasta sumirse en una carrera intestina por estirar el concepto de destape y parcializar la imagen femenina cuanto fuera posible.

Todo mediante la explotación de rostros de frágil arraigo en la audiencia, con poco y nada que proponer, pero que tal vez veían en esa apelación a la piel la última vía para extender sus 15 minutos de fama, y alejarse en algo de la puerta de salida de la televisión, que siempre espera abierta. Objetualizadas, reducidas, a cambio de la promesa de una vigencia efímera, cuando no ilusoria.

Nunca fue fácil encontrar la concordancia entre la causa y la puesta en escena de este momento televisivo, algo que optamos por soslayar durante largo tiempo, tal vez amparados en alguna supuesta necesidad de divertimento y distensión, en medio de una jornada maratónica y extenuante.

Pero en las últimas versiones, esa disonancia llegó al extremo: por no resistirse a la tentación de soltarle cada vez más la cuerda, el engendro terminó cobrando vida propia, mandándose solo, y prácticamente escindido del resto de las 27 horas. Un paréntesis, una isla de lo injustificable.

El espacio, entonces, cayó por su propio peso. Su ciclo ya está más que cumplido, y la llamada “ola feminista” no vino a otra cosa que volver evidente lo que ya era obvio, indiscutible lo que ya era impresentable.

Después de años tapando con un dedo el sol del machismo y el mal gusto, el cántaro finalmente se rompió, y bien que así sea. Se necesitó de movimiento en las calles como antecedente inmediato, y alarmas de trolleo encendidas para tomar una decisión que la propia sensibilidad pudo haber adelantado.

Pero, bueno, en casos como éstos, más vale plegarse tarde a la corriente, que insistir en una inconducente navegación en su contra. A partir de ahora, la Vedetón ya es historia, y es de esperar que no sean demasiados los que lloren en su funeral.

Las opiniones expresadas aquí no son responsabilidad de publimetro

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