K-pop: el reconocimiento es para los fans

Nuestros columnista Sebastián Cerda analiza ls situación actual del género que se está tomando el mundo

Por Sebastián Cerda

Pasó en los 80 en Chile: por entonces, se hablaba de los punks como una comunidad enigmática y preocupante, a la que incluso era dable acusar veladamente de violenta. En “Sábados Gigantes”, en tanto, Don Francisco caricaturizó hasta al hartazgo con el grupo Necrosis, poniendo de paso a todos los metaleros en el saco de lo risible.

Parece inevitable. La instalación de movimientos, pequeños o grandes, definitorios o tendenciales, nunca ha sido algo fácil de asir para la oficialidad imperante. En sus inicios, siempre han estado los prejuicios, el desconocimiento, la incomprensión. Las burlas, incluso.

Guardando las proporciones, parte de ello debe haber ocurrido en época más reciente con el K-Pop y todo lo que lo rodea. Llegado al menos hace una década a núcleos más anichados y tribales de nuestra juventud, muchos lo observaron con la extrañeza propia de aquello que está en un margen, en una ruptura (mal que mal, ¿a quién se le había ocurrido que algo tan exótico como lo coreano podía formar parte de los referentes cotidianos de alguien en Chile?).

De un extremo a otro, el fenómeno expelía un evidente olor a transitoriedad, a moda pasajera, y así como el pop japonés había pasado hacía poco a mejor vida en el mapa juvenil, todo indicaba que su par de Corea correría pronto igual suerte. Música, peinados, vestuarios… El paquete completo estaría luego en el baúl de los recuerdos freaks.

Todos los síntomas así lo indicaban: No había presencia mediática, el retail no estaba tomando nota, las grandes productoras no incluían a esos grupos entre sus apuestas. A los seguidores de esta corriente no les quedaba otra que arreglárselas a punta de internet, tiendas independientes e intercambios personalizados, si querían vivenciar su fanatismo.

Pero lo que sucedió fue exactamente lo contrario de aquello que se esperó. Año tras año, las figuras del K-Pop demoraban menos horas (sí, horas) en agotar los shows que agendaban en recintos como Movistar Arena. Semana a semana, los bailarines se multiplicaban en lugares como el GAM y el Parque San Borja. Las radios de corte infantil-juvenil debieron incluir a estos grupos en sus parrillas, y todo terminó de reventar este año, con marcas mundiales hasta hace poco impensadas.

El grupo BTS bate el récord de Taylor Swift y se transforma en el video más visto durante sus primeras 24 horas; en la encuesta de la revista “Time” para elegir a la “Persona del Año”, terminan primeros, por sobre líderes de diversos rubros; en los registros de efectividad de Billboard y Spotify, finalizan segundos en el apartado grupos, delante de maquinarias como Coldplay y Maroon 5. La misma revista musical, famosa por sus rankings, debe crear una categoría especial para el pop de Corea.

En Chile, en tanto, todo será coronado los próximos 18 y 19 de enero, cuando tenga lugar el festival SM Town Live, nada menos que en el Estadio Nacional.

La trayectoria hasta ese hito, entonces, llama al reconocimiento de una comunidad juvenil que obvió cualquier clase de direccionamiento, para terminar siendo ellos mismos quienes impusieran su gusto, por extravagante que desde afuera haya parecido. No vino un sello a decirles qué escuchar. No vino el retail a indicarles cómo vestir. Fue su opción mantenida insistentemente, contra viento y marea, sumando tripulantes de a uno, hasta verla navegando hoy con determinación y serenidad junto a otras grandes embarcaciones, rumbo a una extensa altamar.

Las opiniones expresadas aquí no son responsabilidad de publimetro

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