Obesidad en niños genera adultos con enfermedades

Actualmente la obesidad se ha prácticamente triplicado en menores de 20 años en comparación con la década del ‘80 y ‘90. El aumento de la grasa corporal en la infancia y adolescencia se ha trasformado en una especie de patología crónica y suele acompañarse de trastornos metabólicos.

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La obesidad constituye en la actualidad la enfermedad nutricional más prevalente en la población menor de 20 años. Hoy, no es necesario consumir “grandes” cantidades de alimentos para acumular un exceso de peso corporal, debido a que existe una gran disponibilidad de alimentos hipercalóricos, lo que se suma a los hábitos de vida cada vez más sedentarios. “Esto explica el aumento creciente en la prevalencia de sobrepeso y obesidad los niños”, dice Karen Cruz, académica de la Escuela de Nutrición y Dietética de la U. Andrés Bello.

La obesidad se perpetúa en el tiempo y suele acompañarse del llamado Síndrome Metabólico (SM), un conjunto de factores de riesgo de enfermedad cardiovascular, de diabetes tipo II (DM2), obesidad abdominal, dislipidemia e intolerancia a la glucosa e hipertensión. “Esto se ha convertido en un problema de salud pública debido a la prevalencia y la morbi-mortalidad. Sin embargo, en esta población no están bien definidos los criterios de diagnóstico del SM, lo que crea la pronta necesidad para el correcto manejo de estos pacientes”, advierte la nutricionista.

La académica de la UNAB subraya que el síndrome metabólico afecta a uno de cuatro niños que presenta sobrepeso. Según explica Karen Cruz, de los cinco factores que definen el SM (obesidad global (IMC) o central (circunferencia de cintura), resistencia a la Insulina, dislipidemia, trastorno de la homeostasis de la glucosa e hipertensión arterial), el exceso de grasa abdominal es el principal factor, independiente del riesgo de resistencia a la insulina.

Aún se desconoce el origen del Síndrome Metabólico, pero se cree que es multifactorial. Entre ellos se reconocen el aumento de la prevalencia de la obesidad a más temprana edad y la presentación precoz de la Diabetes tipo II. A ellos se suma el retraso del crecimiento intrauterino; éste se relaciona con la probabilidad de desarrollar en la etapa fetal el “gen ahorrador” que condiciona una reducción a la sensibilidad insulínica para preservar tejidos periféricos como el cerebro, debido al ambiente adverso (falta de nutrientes e hipoxia) prenatal. Y por último el hiperandrogenismo o pubertad precoz que está estrechamente relacionado con el estado nutricional.

En definitiva, Karen Cruz subraya la importancia de una buena alimentación en los niños y la urgente necesidad de establecer un criterio internacional para diagnosticar el Síndrome Metabólico y establecer criterios para su correcto tratamiento.

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