El aterrador caso de un padre que estuvo al borde de la muerte por comerse las uñas

Cuando llegó al hospital el hombre tenía líneas rojas por todo el cuerpo, una clara señal de que una infección se propagaba por su sangre, además de una temperatura corporal muy elevada.

Por Nathaly Lepe

Todos alguna vez hemos mordido nuestras uñas y cortado esos cueritos que sobresalen, molestos,  por los costados. Una costumbre que creemos no tiene riesgos, pero que es más peligrosa de lo que parece.

Y así lo entendió por la fuerza, Luke Hanoman, un joven padre de 28 años, quien estuvo al borde de la muerte por comerse las uñas.

El hombre, según la información recogida por el diario inglés The Mirror, comenzó con problemas una semana después de morder la piel, cerca de uno de sus dedos.

Los síntomas, similares los de una gripe, no dejaban tranquilo a Luke, y cuando se agravó fue su madre quien decidió llevarlo a urgencias. Al llegar al recinto hospitalario los médicos le aseguraron que “tenía suerte de estar vivo”.

Según su propio relato, el hombre aseguró ser un poco nervioso y que por ello se comía las uñas. “Un día mordí la piel por el costado de mi uña. Me dolió un poco, pero no pensé nada. Estuve trabajando toda la semana y empecé a tener síntomas parecidos a los de la gripe que empeoraban gradualmente”.

“Tenía sudores fríos, estaba temblando y luego estaba caliente. Y entonces mi dedo comenzó a hincharse y tuve ese latido insoportable. Empecé a estar muy raro y no podía concentrarme”, relató.

Cuando llegó al hospital el hombre tenía líneas rojas por todo el cuerpo, una clara señal de que una infección se propagaba por su sangre, además de una temperatura corporal muy elevada.

El diagnóstico fue devastador, una sepsis se apoderaba de su cuerpo. Es decir, tras morder sus uñas, la herida se infectó y esa infección comenzó a contaminar sus órganos.

Luke pasó cuatro días en el hospital, donde lo trataron con antibióticos.

“Fue bastante aterrador, estaba en observación las 24 horas. Me dijeron que tuve suerte. Estaba cerca del shock séptico. Los doctores y las enfermeras fueron realmente buenos. No me dijeron lo malo que era porque creo que intentaban no preocuparme demasiado. Cuando me sentía mejor, me dijeron que tenía suerte de estar vivo”.

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