Irreverente alfombra roja en Nueva York: Met Gala estremeció los principales símbolos del catolicismo

Gianni Versace, Dolce & Gabbana, Christian Lacroix, Valentino, Jean-Paul Gaultier y Cristóbal Balenciaga son algunos de los creadores más emblemáticos presentes en la gala.

Por AP

Tiaras incrustadas con miles de diamantes, esmeraldas y rubíes. Mantos y vestimentas papales con bordados en oro tan finos, que tomó casi dos décadas producirlos. Incluso una petición de mano han impactado la renombrada alfombra roja de Met Gala, megaexhibición del Instituto del Vestuario del Museo de Arte Metropolitano, que ofrece una mirada a la influencia del catolicismo sobre la moda.

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Si busca ejemplos modernos de la relación entre ambos, considere al papa Benedicto XVI lo llamaron el "Papa Prada", en base a rumores de que sus elegantes mocasines rojos eran de esa afamada casa de modas. No eran, y de hecho su predecesor, Juan Pablo II, tuvo un par similar que ahora se exhibe en el Met. Pero eso no evitó que Benedicto fuera nombrado por Esquire el mejor portador de accesorios en 2007. (El actual papa, Francisco, se atiene a usar zapatos negros simples).

Pero los ejemplos datan de mucho, mucho antes, según "Heavenly Bodies: Fashion and the Catholic Imagination" (Cuerpos celestiales: la moda y la imaginación católica), la exposición de moda anual del Met. Como siempre, la muestra es inaugurada con una gala tachonada de estrellas el lunes por la noche. ¿Combinarán los atuendos de las celebridades con aquellos del Vaticano? Probablemente no.

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Tomen, como ejemplo, una impresionante tiara que brilla en las galerías del Instituto: tres filas compuestas de 19.000 gemas _ 18.000 de ellas diamantes, además de rubíes, zafiros y esmeraldas. Fue un obsequio que la reina Isabel de España le hizo al papa Pío IX, quien la usó para la Misa de Navidad en 1854.

O una enorme manta papal blanca con dorado en tafetán, bordada con hilo de oro, oropel y lentejuelas. Originalmente fue hecha para el papa Benedicto XIV en el siglo XVIII, pero también fue usada por el más reciente Benedicto. Un juego de prendas que incluyen la manta le tomó a 15 trabajadores 16 años completar, dice el museo.

Estos son tan solo algunos de los 42 artículos que el curador Andrew Bolton trajo de la sacristía de la Capilla Sixtina en el Vaticano. Bolton realizó 12 viajes a lo largo de dos años para asegurar las prendas. En una entrevista reciente en las galerías, contó cómo se agachaba para pasar por "una puertita diminuta" al costado de la capilla, donde adentro le aguardaban tesoros inconmensurables.

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Cada vez que acudía a la sacristía, conseguía artículos más tentadores. "Pedí seis y terminé con 42", dijo.

La única condición del Vaticano era que las piezas se exhibieran solas, separadas de la sección de moda de la muestra. Bolton lo logró dedicando dos galerías del Instituto del Vestuario a la colección del Vaticano, y mostrando las ropas contemporáneas — unas 150 prendas — en las galerías medievales del Met así como en su sucursal The Cloisters en el alto Manhattan. La colección del Vaticano incluso tiene un volumen separado en el enorme catálogo de la exposición.

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Bolton dice que entiende que algunos puedan pensar que sea indecoroso conectar el tema comercial de la moda con el tema espiritual de la religión. Sin embargo, como escribe en el catálogo, "el vestido es central para cualquier discusión sobre religión: afirma las alianzas religiosas y, por extensión, reivindica las diferencias religiosas". Además, señala, siempre ha querido confrontar asuntos culturales oportunos en sus exhibiciones.

Casi todos los diseñadores en la muestra tienen algún tipo de relación con el catolicismo romano, así sea solo que nacieron en el seno de una familia católica, dijo Bolton. Entre ellos se incluyen Gianni Versace, Dolce & Gabbana, Christian Lacroix, Valentino, Jean-Paul Gaultier y Cristóbal Balenciaga, el emblemático creador español que era profundamente religioso, dijo Bolton.

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Algunos diseñadores inicialmente le dijeron que su trabajo no estaba influenciado por la religión, pero luego le escribieron por correo electrónico al darse cuenta de que, de hecho, la religión sí desempeñaba un papel en su imaginación.

"Nunca pensé que la crianza religiosa podría tener tal influencia”, dijo Bolton.

Indicó que su idea original era tener una exposición de múltiples religiones, pero que fue tanto el material que encontró del catolicismo que decidió enfocarse en esto.

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