Cuando las medallas no importan

El periodista adelanta la participación chilena en Londres 2012.

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Escribo esta columna en el vuelo hacia Londres tras hacer escala en París. Hago el alcance porque ya en la fila para abordar el avión, aún en suelo galo, se empieza a sentir la atmósfera de estos nuevos Juegos Olímpicos. En Air France 2280 viene cerca de un centenar de deportistas de distintos países. Son parte de los once mil atletas que competirán a partir de este viernes, día de la inauguración oficial de Londres 2012, en los trigésimos juegos de la era moderna. Hombres y mujeres con los colores de Francia, Argelia, Haití, Egipto y Paraguay.

Todos vienen contentos, sonrientes, felices. Y es que debe ser muy fuerte ser deportista y tener la opción de competir en la máxima cita olímpica. Ya para uno, un pinche periodista, asistir a los Juegos es una experiencia única. Imagínense lo que es para los protagonistas de verdad…

Londres nos recibe con un aeropuerto de Heatrow increíblemente expedito a pesar de los miles de visitantes de la “familia olímpica” (deportistas, dirigentes, periodistas, turistas, etc.). Los ingleses saben de grandes eventos y por eso no debe extrañar la organización: rapidísimo sistema de acreditación, muy eficiente entrega de equipaje y transporte público de primera. Hay sol en Londres, todo un acontecimiento en esta ciudad, incluso en verano. Hay buena vibra, la gente se toma los parques y por el centro histórico que bordea el río Támesis las calles están decoradas con las banderas de los 204 países que participarán en los Juegos.

Entre esas banderas se aprecia la de Chile. Serán 36 los deportistas que nos representarán. De ellos 14 son mujeres, una cifra histórica que representa el 40% de la delegación nacional.
Antes de embarcar, en Santiago, mucha gente me preguntaba por cuántas medallas nos íbamos a traer o si sería un fracaso o no terminar los juegos sin un compatriota en el podio.

¿Medallas? ¿Fracaso? ¡Por favor! Somos muy patudos los chilenos…

Claramente Nicolás Massú y Fernando González mal acostumbraron a la gallada. Al parecer las preseas del tenis en Atenas y Beijing les hacen pensar a muchos que ahora en Londres debemos repetir la historia. ¿Se puede? Obvio, siempre se puede. ¿Es una posibilidad cierta? En algunos casos puntuales –Tomás González, Dennis Van Lamoen, Francisca Crovetto o Bárbara Riveros- existe la chance de pelear una final y ahí pasa cualquier cosa. ¿Somos favoritos? En ningún caso, independiente de los antecedentes de los cuatro citados, ninguno de ellos llega al Parque Olímpico de Stanford con la presión de ser candidato a fijo a una medalla en sus respectivas disciplinas.

Chile está muy lejos de la realidad de las potencias olímpicas del mundo. Es más, estamos lejos de las potencias continentales y sub continentales incluso. Así que a ubicarse y a no exigir sin saber. Sin embargo, y a pesar de esa realidad, por primera vez en décadas nuestra delegación llega a unos juegos con cinco deportistas –sumo a Kristel Köbrich al grupo de arriba- con la chance cierta de meterse en una final olímpica o de pelear en el grupo de avanzada. Y eso, asumiendo el desarrollo de la industria deportiva de nuestro país, aparece como un avance importante para nuestra realidad.

Tomás González es hoy, a la luz de sus resultados, uno de los diez mejores gimnastas del mundo en suelo y salto. Si está en su nivel el sábado, día de las eliminatorias, debería entrar en la final y ahí pasa cualquier cosa. ¿Y si le alcanza para ser finalista y no para la medalla? Una lástima, pero ya llegar a una final olímpica es mucho más de lo que representa el deporte chileno a este nivel.

Lo mismo corre para Kristel. Ella sueña con meterse en la final de los 800 libres. Si lo logra sería inédito, histórico y extraordinario.

Los casos de Van Lamoen y Crovetto son parecidos. Ambas compiten en especialidades de precisión, tiro con arco y tiro skeet, y las dos han obtenidos resultados sobresalientes a nivel internacional. ¿Cómo les irá? Dependerá de cómo ande el pulso ese día.

Dejó para el final a la que, a mi juicio, tiene mayores chanches: Bárbara Riveros. La triatleta está en un nivel superlativo, ha demostrado ser competitiva en el circuito mundial y ya en Beijing, con apenas 21 años, obtuvo la mejor actuación técnica de la delegación federada criolla al finalizar 25 en el triatlón. Hoy, con cuatro años más de experiencia y desarrollo competitivo, la menuda atleta tiene nivel para meterse entre las cinco mejores y definir todo en el sprint final el sábado 4 de agosto en Hyde Park.

En resumen hay un puñado de deportistas para entusiasmarse más allá de si logran o no colgarse una medalla. Son unos Juegos Olímpicos, pelear por estar en una final ya es una recompensa reservada para los grandes.

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