Los llorones

"Nadie va a un estadio para transmitir en diferido. Sería primera vez en la historia de la televisión", dice.

En Chile son pocos los espectadores puros de otros deportes que no sean el fútbol o el tenis. Me refiero a la gente que va al ciclismo, el hockey césped o la natación por gusto, sin ser pariente de algún competidor, ex deportista de la disciplina o dirigente. En mi caso es el atletismo. Lo sigo desde los 14 años. Muchos sábados y domingos iba al Estadio Nacional a ver a Omar Aguilar, Luis Schneider, Pablo Squella, Mónica Regonessi, Gert Weil o Patricio Pérez. Pero también a otros menos conocidos como Rodrigo de la Fuente, Jaime Vergara o Fernando Hoces. Por ahí me instalaba, como mi cronómetro, a ver y aprender. Por entonces me hice amigo de Jorge Vives, director de la revista Atletismo,  a la que me suscribí, y miraba todas las transmisiones que hubiera de este hermoso deporte. Si me faltaba alguna marca o estadística partía a la Biblioteca Nacional en busca de publicaciones antiguas. El Sudamericano adulto de 1985 fue una experiencia inolvidable. Esa vez, junto a mi amigo Rodrigo Solano, nos colamos con la delegación paraguaya y vimos los cuatro días de competencia en las mejores ubicaciones.

Como podrán entender, venir a los Olímpicos y ver en directo el atletismo in situ es un viejo anhelo. Son 28 años de afición que tienen el premio de esta transmisión. Apertrechado de páginas especializadas (y que se pagan caras) y cientos de horas de estudio puedo disfrutar con conocimiento de causa lo que ocurre en la pista y el campo. Me tocó en suerte comentar los triunfos de Sally Pearson en los 100 metros vallas y el argelino Taoufik Makloufi en los 1.500 metros. Sobre la primera prueba anticipé que iba a registrarse un nuevo récord olímpico, en la segunda, 500 metros antes de la meta advertí el remate del fornido atleta magrebí. Con Ignacio Valenzuela narramos en posición de comentarista en tiempo real las competencias, pero fueron emitidas en diferido debido a los horarios de transmisión.

¿Qué ocurrió? Que de inmediato saltaron los colegas mediocres lloriqueando que los pronósticos y observaciones fueron hechos una vez concluidas las competencias. Es decir, me pasé de listo. Pobres llorones. Para empezar, nadie va a un estadio para transmitir en diferido. Sería primera vez en la historia de la televisión.  Lo de Sally Pearson era previsible, en las semifinales había marcado 12,39 y era obvio que iba a superar los 12,37 de Johana Hayes de Atenas 2004 ¿Porqué estaba tan seguro de que Pearson había ganado pese a la arremetida de Dawn Harper? Porque mi posición está sobre la meta y se vio claramente. Con respecto a Makloufi tampoco se trató de magia, el argelino hizo el mismo remate en la semifinal cuando se impuso a Kiprop, Gebremehdin y Manzano.

Raya para la suma: cuando uno estudia, va a la pista y tiene casi 30 años siguiendo seriamente una disciplina, no hace falta pasarse de vivo. Es asunto de oficio. Cualquiera que entienda de atletismo hubiera hecho las mismas observaciones que yo. A llorar a la iglesia los que viven de la cundidora, nunca estudiaron y comentan con el tincómetro (y creen que todos son iguales que ellos).