Cómo nos fue

La comentarista de DirecTV hace un balanece de la participación chilena en Londres 2012.

Cómo nos fue

A simple vista, si nos ponen los resultados de golpe, a Chile le fue mal en Londres, con la excepción de Tomás González. Sobrarán quienes digan que le faltó la chaucha para el peso, pero en general, el público nacional ha sabido leer bien lo que significan cuartos lugares en uno de los deportes más exigentes del olimpismo. Pero González es sólo uno de 36 deportistas, incapaz de proteger con el manto del triunfalismo a todos ellos. Entonces, sacando al gimnasta de los análisis, ¿nos fue bien o nos fue mal? Pregunta recurrente a la hora de sacar lápiz y papel y comenzar a hacer la cruz o el visto bueno, nombre por nombre, inversión por inversión.

El séptimo lugar de Francisca Crovetto: quedó a un plato de la final en el tiro skeet, compitió de igual a igual con deportistas que van en sus quintos Juegos, con un baúl de medallas y no se achicó. Tiene para tres Juegos Olímpicos más. Una inversión bien hecha y una buena apuesta. Hay que seguir poniéndole fichas.

Natalia Duco, resucitada. En cualquier país desarrollado deportivamente, un atleta estancado en sus marcas durante tres años, se extirpa. Natalia es el vivo ejemplo que la escasez de elite en Chile determina por estos lados la dirección contraria. A pesar que no rendía, que no se acercaba a sus marcas, Natalia siguió siendo la única balista destacada de Chile y Sudamérica, así que sus medallas a nivel continental le permitieron seguir recibiendo apoyo económico. Aunque se insista en que estaba desamparada, lo cierto es que en números, es la quinta mayor inversión del Plan Olímpico. Afortunadamente batió en Londres su récord de Chile. Un cuarto año sin subir sus marcas hubiera sido lapidario. Buena actuación que nos devuelve a la concepción inicial acerca de la ex campeona mundial juvenil: que puede llegar a los 20 metros y pelear una final.

Bárbara Riveros quedó aparentemente al debe con su puesto 16. Una buena preparación, fuerte apoyo, ausencia de lesiones importantes, pero el día de la carrera se levanta “sin chispa”. Un caso que da para analizar. Partiendo por la fecha de llegada a Londres. ¿Por qué tan encima de la competencia? No es difícil aventurar que los aviones se atrasan, que hay que darse un margen. Y la llegada de madrugada a la villa olímpica, donde abundan los trámites, fue otro paso en falso. No costaba nada ubicarla en un hotel por una noche, y evitarle la trasnochada. Una seguidilla de tonteras y errores de principiante frente a unos Juegos Olímpicos. Razones en todo caso que en nada hacen dudar que Bárbara es una extraordinaria triatleta, enredada en aeropuertos en el momento que no debía. Pésima logística que la dejó mal parada frente al público.

Y después de tres Juegos Olímpicos queda claro que la nadadora Kristel Köbrich jamás será medallista de los 800 libres. Mientras las lumbreras del COI prefieran incluir el boxeo femenino antes que una carrera de 1.500, entonces la meta de la chilena deben ser los mundiales y no los Juegos Olímpicos. Así de simple. Si no, la suma de frustraciones le ganará a las ambiciones.

El ejercicio de analizar al “equipo” chileno es totalmente estéril. Cada deportista es un caso aparte para países como los nuestros, chicos, con menos donde elegir. A diferencia de las potencias, donde la mitad del equipo puede pelear una medalla, los sudamericanos muchas veces saben que la clasificación será su único premio. Por eso los análisis deben ser personales, y no nacionales. De otra forma, cuartos lugares pasarían con más pena que gloria.