Peter Dragicevic: "La pasión no se transa en la bolsa"

El último presidente “constitucional” de Colo Colo dispara contra las Sociedades Anónimas.

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“Colo Colo me preocupa y me duele. Lo que estamos viviendo es lo más parecido a una pesadilla”, dice Peter Dragicevic.

Presidente del club en 2002, cuando se decretó su quiebra, Dragicevic está preocupado, pero tranquilo. Retirado de toda actividad deportiva, dedicado sólo a sus negocios, ha tenido tiempo para la familia y la pintura, algo que le apasionó siempre. Sus óleos, de la más variada temática, adornan las paredes de su despacho, pasillos y oficinas.

Confiesa que se sorprendió del interés de Diario El Gráfico por una entrevista, pero aunque se declaró “jubilado para siempre de cualquier actividad directiva”, entiende que el momento de profunda crisis por el que atraviesa su club de siempre no puede dejarlo indiferente. Menos a él, que hasta días de cárcel purgó para luego ser sobreseído de todo cargo. Algo que recuerda con tristeza, diciendo:

“Fui el cabeza de turco de todo el tinglado que artificialmente se armó luego que la codicia de los poderes económicos vieran que el fútbol podía ser también un buen negocio. Pienso que a estas alturas ya se han dado cuenta que no lo es, pero en ese momento, para dar viabilidad a la creación de las Sociedades Anónimas, no trepidaron en recurrir a la infamia y la calumnia. Y como para llevarlas a la práctica era imprescindible hacer quebrar primero a Colo Colo y luego a la U, contra nosotros se usaron mañosamente todos los recursos, incluso los de los organismos del Estado”.

Te refieres al Poder Judicial, en primer término, y al Servicio de Impuestos Internos…
Exactamente. Por ser una corporación deportiva de derecho privado, sin fines de lucro, Colo Colo podía disolverse, pero no podía quebrar. De hecho, era algo que jamás había ocurrido en el país. Sin embargo, por una deuda de algo así como 50 millones, Patricio Millas, de la empresa Chile Factoring, solicitó nuestra quiebra y en una decisión tan inédita como increíble, la jueza Helga Marchant la concedió. Cuando con los abogados del club, Arturo Youseff y Jorge Ovalle, nos entrevistamos con ella, nos dijo que, cancelando dicha deuda, ella decretaba de inmediato el alzamiento de la quiebra. Pagué al día siguiente, pero la quiebra se mantuvo a firme. Después me enteré, a través de nuestros abogados, que la señora Marchant había recibido llamados del más alto nivel para no cumplir lo prometido.

Luego entra en escena Impuestos Internos.

Así fue. Se desconoció el DFL 1, del año 1970, que estipulaba claramente que los premios que percibían los futbolistas, no los sueldos, no eran objeto de impuesto alguno, medida que se tomó considerando lo breve de la carrera del jugador. Por obra y gracia de esa decisión, los clubes nos encontramos de la noche a la mañana con una deuda que superaba largo los 22 mil millones de pesos de la época. Y como se trataba de dar un escarmiento, me metieron a Capuchinos por evasión tributaria. Si éramos más de treinta los clubes, ¿por qué sólo en contra mía se actuó de esa forma? ¿Por qué no cayó preso ningún otro dirigente si todos nos habíamos amparado en ese decreto que, por lo demás, sólo favorecía a los jugadores y no a los clubes?

La supuesta deuda fue luego la llave maestra para que los clubes se transformaron en Sociedades Anónimas.

Exactamente. Porque a los que pasaran a ser Sociedades Anónimas se les dio la facilidad de ir pagando la supuesta deuda mediante el aporte del 3 por ciento mensual de los ingresos, sin un plazo determinado. El club que no aceptara, debía pagar dicha deuda al contado. ¿Clarito, verdad?

Como argumento se utilizó siempre la escasa transparencia con la que se manejaban los clubes. Se decía que eso iba a cambiar con las Sociedades Anónimas.

Otra falacia para hacer comulgar a la gente con ruedas de carreta. Colo Colo no sólo tenía un estricto control contable, en el que intervenían varios funcionarios en distintos niveles, sino que existía además una Comisión Revisora de Cuentas independiente del directorio, hacíamos permanentes auditorías y cumplíamos con la ley publicando año a año los balances. ¿Ha resultado el sistema de Sociedades Anónimas ser tan transparente como se nos dijo que sería? Muchos tenemos dudas.

¿No te parece extraño que esta privatización del fútbol se produjera durante la presidencia de Ricardo Lagos, un socialista?

Por supuesto. ¿Y a quién no? Parece claro que las presiones de los adoradores del becerro de oro fueron muchas y muy poderosas. El gran problema de nuestra sociedad es que la codicia de los que tienen mucho dinero  ha llegado a niveles insostenibles. Es gente que cree que todo tiene su precio, que cualquier cosa se puede comprar para luego vender. Se han comprado la salud, la previsión, la educación, el agua, la luz… todo. Les faltaba el fútbol, pero también terminaron por apropiárselo.

Sólo que el fútbol es distinto.

Absolutamente. Y  todos aquellos que invirtieron en el fútbol, que creyeron ver en él un gran negocio, a estas alturas ya deben haberse dado cuenta que es una empresa muy distinta a las que ellos han manejado siempre. Para decirlo claro: la pasión y el sentimiento no se transan en la bolsa.

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