¿Lecciones?

Nada más abrumador que la tarea de evaluar la actuación de Chile en los Olímpicos de Londres.

¿Lecciones?
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Nada más abrumador que la tarea de evaluar la actuación de Chile en los Olímpicos de Londres. Primero, y lo más explícito, es que la suma es pobre y los rescatables ya fueron señalados de sobra (Tomás, Duco, tal vez Barroilhet). Pero el ejercicio de la honestidad nos obliga a decir que no anduvimos bien. Y si seguimos siendo honestos, continuamos en la meseta de los últimos juegos. En Beijing, Atenas y Sydney conseguimos medallas. Pero ellas nada tuvieron que ver con una planificación, ya que fueron logradas por deportistas profesionales. Es decir, lo que hiciera o no Chiledeportes o sus respectivas federaciones, poco tuvo que ver con esas preseas. Podía estar sentado un saco de papas en la Federación de Tenis de Chile y de igual manera Massú y González se colgaban esas de oro, plata y bronce. El 2000 igual, había un lote de buenos jugadores emergentes que fueron ayudados por unos veteranos (Zamorano, Tapia y Reyes) y salió el bronce ¿Planificación? Nada. Sólo un buen equipo.

La lección es clara: los profesionales van por un carril y sobre ellos descansan las posibilidades. Por el otro carril (donde van casi todos los carros), caminan los amateurs que dependen de un complejo entramado para conseguir financiamiento: ADO, Comité Olímpico, Ley del Deporte, federación respectiva, Chiledeportes, donaciones particulares, rifas, dineros de los padres… No basta con ser bueno en la pista, hay que serlo también en los pasillos. Y esas vallas burocráticas son más altas que las de la competencia.

La sensación es que la mayoría de los deportistas amateurs viven abrumados, no por sus rivales, sino por lo complicado que significa, al final del día, llegar a competir. Las federaciones son una trampa amparada por leyes caducas. Basta que un vivo se aperne en la cabeza y se pudre todo. Se yerguen como reyezuelos más interesados en colarse en todos los viajes, agarrar todos los viáticos, salir en todas las fotos (en el desfile inaugural había más dirigentes que deportistas chilenos) y satisfacer de manera infinita sus egos ¡Pobrecito del deportista que se queje! ¡Ay de ti si escribes algo en el Twitter que irrite a su majestad! ¡Cuidado con criticar a los cardenales de la Federación! Ellos, dueños de la inquisición, te pasarán al tribunal de honor respectivo (compuesto por sus amigotes y compañeros de viaje) que te sancionarán por un mes, un año o de por vida y te destruirán tu carrera como deportista para siempre. El ejemplo de la lanzadora de martillo Odette Palma es sólo un eslabón donde se encadenan ciclistas, pesistas, luchadores, yudocas, atletas, gimnastas y nadadores.

Todos sabemos que a Mansilla, Reyes o Van Lamoen les fue mal. Es verdad. Escuchamos en Londres demasiadas veces de la boca de nuestros representantes el texto: “No sé qué pasó. No estaba concentrado”. La primera sentencia es obvia: arrugaron. La segunda, más fina, es que nuestros muchachos y muchachas, antes de complacer a un país sediento de triunfos, deben complacer a los “señores dirigentes”. Más que preocuparse de los rivales, deben poner atención en no irritar al “señor de la federación”. Y eso, sin duda, chupa el 99% de la energía. Mientras esto no cambie, seguiremos donde estamos: en ninguna parte.