Arquero jugador

La chambonada de Renny Vega y el par de atajadas de Carlos Muñoz en el empate de Colo Colo me hicieron recordar la figura del “arquero jugador”.

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La chambonada de Renny Vega y el par de atajadas de Carlos Muñoz en el empate del último fin de semana entre Colo Colo y Wanderers me hicieron recordar la figura del “arquero jugador”. Concepto propio de pichangas, entrenamientos o partidos informales, el “arquero jugador” es un artificio que permite compensar el desequilibrio en fuerzas o cantidad de jugadores. Es una finta al reglamento, consensuado entre las partes, que faculta al guardavalla a jugar más adelantado, usar las manos fuera del área y ser finalmente una suerte de último hombre con poderes especiales. Asumo que la descripción puede parecer tan difusa como ese otro inexplicable chamullo pichanguero del “gol o penal”, pero todos los que alguna vez jugamos a la pelota sabemos más o menos lo que significa ser un “arquero jugador”.

Si hacemos un poco de historia, el primer portero-líbero fue el húngaro Gyula Grosics, que defendió a su país en el Mundial del 62. En esta parte del mundo, pionero en jugar fuera de los tres palos fue el argentino Amadeo Carrizo, función que años más tarde Hugo Gatti convirtió en su sello. Con la eliminación, en 1992, del pase a las manos del arquero cada vez se hizo más necesario tener porteros hábiles con los pies. Con aciertos y chascarros antológicos, René Higuita fue uno de los mejores.

En su Diccionario Ilustrado del Fútbol, los autores Francisco Mouat y Patricio Hidalgo describen al arquero como “un jugador existencialista por definición, casi siempre solitario y con la costumbre de gritar sin un horizonte claro”. Quizá por esta misma naturaleza, y aunque los hinchas albos y los comentaristas rigurosos se enfaden, lo del venezolano podría llegar a entenderse. Le ha tocado defender a un Colo Colo tan triste y desabrido que cómo negarse a la irresistible tentación de picar la pelota y salir jugando elegante, aunque la acción haya sido kamikaze. De un modo similar, con solo ver a Carlitos Muñoz ponerse los guantes, aleonar a sus compañeros y tener la suerte del palo en el penal, se podía sentir la emoción y adrenalina del tipo destinado a ser el héroe de la noche en una función inesperada. Muchos recordarán la Supercopa de 1996 cuando Pedro Reyes tuvo que defender el arco colocolino, tras las lesiones de Arbiza y el Rambo Ramírez. Así los albos eliminaron al Flamengo de Bebeto; y Reyes, con guantes y uniforme de arquero, fue portada de la desaparecida Revista Don Balón. El histórico Miguel Ramírez también pasó por este trance en una victoria que el Cacique se trajo de Temuco en el Apertura 2004. Ese día Claudio Bravo fue expulsado y sin la opción de cambio, a Cheíto no le quedó más remedio que resistir los minutos finales en esta improvisada posición.

Me parece que el mayor referente del concepto “arquero jugador” debe ser el mexicano Jorge Campos. Titular en los Mundiales de Estados Unidos, Francia y suplente en Japón-Corea, el Chapulín anotó 35 goles en su carrera, siendo el más recordado uno de tijera que convirtió por el Atlante. Ya cerca del retiro, en 2003, el técnico Lavolpe lo convocó a un amistoso de la selección contra Islandia para hacerlo ingresar a los 64 minutos como delantero, pero con el 1 en la espalda.

Legendarios y mundialmente conocidos son los casos de Chilavert (62 goles) y la marca del brasileño Rogério Ceni (104), pero también recuerdo la hazaña de Víctor Loyola. Santiago Morning definía el paso a semifinales del Clausura 2009 frente a Audax Italiano. Los bohemios caían 2-0 y un gol les bastaba para avanzar. Loyola entró como delantero al minuto 90 y cuando se jugaban los descuentos conectó un frentazo que dejó sin opción a Johnny Herrera.

Pero el más notable e insólito fue el caso de Cristián Álvarez en el clásico universitario de 2002. El defensa cruzado le hizo falta a Pinilla y en la jugada se lesionó el meta Walker. Con los cambios ya agotados, fue el propio Álvarez el que se puso al arco. Lo increíble fue que el juez Carlos Chandía le aconsejó que se lanzara a la izquierda y así tapó el disparo de Pedro Heidi González. El partido terminó 1-1 y el ex árbitro –actual candidato a alcalde de Coihueco- reconoció públicamente su error, pocos días después.