En pedir no hay engaño

Se acabaron los JJOO de Londres y con su fin, como siempre, todo en Chile volvió a nuestra "normalidad" en lo que a realidad mediática-deportiva se refiere.

En pedir no hay engaño
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En febrero de este año, cuando Gustavo Canales arregló con un equipo chino, luego se arrepintió y acordó quedarse en la U para después dejar botada la concentración en La Serena y terminar partiendo al Dalian Aerbin de China (donde aguantó menos de cinco meses), el técnico Jorge Sampaoli defendió la actitud del atacante afirmando que “Gustavo priorizó su futuro y no lo veo tan descabellado”.

Resulta que esta semana, tras enterarse de la partida de Ángelo Henríquez al Manchester United, cuentan en la interna azul que el técnico rosarino se enfureció con el joven de 18 años. Sampaoli no sólo declaró públicamente que “…el jugador (Henríquez) no tiene interés en estar acá”, sino que además afirmó que “no tenía nada que hablar con él” ante el interés del delantero de ir a explicarle su situación.

Incluso en el CDA trascendió que el entrenador pidió expresamente que no se le permitiera a Henríquez ingresar al camarín a despedirse de sus compañeros, orden que finalmente no fructificó ante la gestión de los capos de Azul Azul.

Columna: En pedir no hay engaño

Se acabaron los JJOO de Londres y con su fin, como siempre, todo en Chile volvió a nuestra “normalidad” en lo que a realidad mediática-deportiva se refiere. ¿Es decir? Les enumero:

1- La próxima vez que la TV abierta transmita un mundial de atletismo o de gimnasia el evento marcará cuatro puntos de rating (y no 25 como sumaron TVN y C13 en las transmisiones olímpicas de Tomás González).

2- Ante el desinterés de las audiencia por otros deportes, nuestra oferta informativa en los bloques y programas deportivos volverá a concentrarse en fútbol, más fútbol y mucho más fútbol.

3- Los deportistas federados, aquellos que son mayoría en nuestras delegaciones olímpicas, volverán al más absoluto anonimato y nadie sabrá de ellos hasta que, en cuatro años más, la gallada se entusiasme con la previa de Río 2016 para luego desilusionarse con los resultados que se obtendrán.

¿Lindo panorama no? Chiste repetido. ¿Cierto?

Pero en esta, mi primera columna tras regresar desde Londres, les quiero hacer una invitación a quienes pueden ayudar a modificar aquel triste panorama. Se trata de aquellos que con sus decisiones podrían revertir la tendencia de los medios a dejar de lado “los otros deportes” y así iniciar un círculo virtuoso en el que los periodistas generemos un caudal informativo que le permita a la audiencia, independiente del rating, empezar a conocer, entender y apoyar disciplinas distintas a la que hoy acapara el 99% de los espacios televisivos: el fútbol.

¿A quiénes me refiero? Simple, a los que ponen el billete y deciden cómo se reparte la inversión que determina aquello que se muestra o no en los medios de comunicación: los empresarios. Sí, los auspiciadores, los que al final del día sacan o mantienen en pantalla uno u otro contenido. A ellos, humildemente desde este espacio de opinión, les quiero hacer dos invitaciones concretas que podrían ser muy útiles para el desarrollo deportivo de nuestro país.

Primero: Les propongo que un 20% (¡sólo un 20!) de los miles de millones de pesos que destinan anualmente para auspiciar farándula, teleseries y “telebasura” lo inviertan respaldando espacios polideportivos. Si toman esa posta generarán la posibilidad de que en los medios les demos cobertura a “los otros deportes”, independiente del rating que esos espacios generen, ya que al estar financiados no dependerán de la sintonía que obtengan para sobrevivir en pantalla.

Segundo: Los invito a que sus creativos y genios publicitarios, quienes a la larga deciden dónde apuestan los morlacos los auspiciadores, abran su espectro de “rostros” a la hora de elegir famosillos que le pongan la cara a la imagen de un producto. Aprovechando el vuelito de Londres podrían, por una vez que sea, apostar por algo distinto a las modelos siliconadas, los actores de sonrisa perfecta o las periodistas que no tienen empacho en ofrecer “cómodas cuotas”. Podrían, digo yo, jugárselas alguna vez por deportistas que cumplieron una buena actuación en la capital inglesa y tienen proyección pensando en Río 2016. Se trata de jóvenes como Francisca Crovetto, Gonzalo Barroilhet o Natalia Ducó, gente esforzada, de look o personalidades atractivas y que en sus historias de esfuerzo entregan una carga valórica bastante más positiva que la de los “rostros” tradicionales.

¿Y Tomás González? Dirán algunos a propósito de la imagen del gimnasta asociada a una marca de autos. Nos sean patudos: la gracia está en apostar y apoyar a deportistas con proyección, no a sandías caladas que ya han obtenido resultados a nivel internacional.

En pedir no hay engaño dice el refrán. Veamos si alguien pica…