Camisetas feas

En la industria del fútbol, alguien tuvo la brillante idea de explotar eso que llaman merchandising deportivo.

Camisetas feas

Cuando las descargas digitales mandaron al suelo las ventas de discos a los músicos no les quedó otra que salir a tocar en vivo y llegar a lugares que antes jamás habrían considerado. Lo dijo esta semana Noel Gallagher: “Ahora es mucho más difícil ser estrella de rock, ganamos menos y nos la pasamos viajando”. La desgracia del ex guitarrista de Oasis, es nuestra suerte. Pero así es el negocio.

En la industria del fútbol, alguien tuvo la brillante idea de explotar eso que llaman merchandising deportivo. Eureka. Desde entonces la venta de camisetas, polerones, buzos y toda clase de chucherías con logo original, escudo y el sponsor de turno, se fue a las nubes. Así es el negocio y camisetas hay para todos los gustos. Cada temporada una nueva. Diseño especial para un torneo internacional y si se conmemora algo, para eso están las camisetas conmemorativas.

Con número o sin número. Con sponsor, sin sponsor, alternativa y alternativa de la alternativa. La del arquero. La de entrenamiento y para los nostálgicos: modelos retro o vintage. Además su venta es una manera simple y directa de saber quiénes son los más queridos por la hinchada. Cervezas, telefonía móvil, cecinas, universidades con fines de lucro, retail, televisión satelital, en fin, todo cabe en un pedazo de tela que ya sabemos que no es cualquier tela, porque las camisetas de ahora están hechas con tecnología de última generación y no son como las de antes.

El mercado manda y siempre pide más camisetas. Si hasta los árbitros se contagiaron y desde hace ya un tiempo lucen coquetos tonos fucsia, verde limón y amarillo fosforescente. No conozco a nadie que se haya comprado una camiseta de árbitro, pero no me cabe duda que deben existir. El día que los referís lleven auspicios en sus camisetas, la galería podrá gritarles con propiedad: “Árbitro vendido”.

Todo esto viene a propósito del impacto que me provocó ver la segunda camiseta del Barcelona para esta temporada. ¿Se podría haber hecho una más fea? Cuesta imaginar, qué pasó por la cabeza de los autores intelectuales y materiales de semejante adefesio. Si tuviera que describirla, y con mucho respeto por los especialistas, yo diría que es un naranja eléctrico en degradé amarillo y tonalidades más relacionables a la indumentaria de salvavidas, guardias de seguridad o al decorado de una fiesta tecno, con mucho neón y punchi punchi.

Un buen amigo, hincha culé, me aclara que la camiseta tiene un sentido, digamos, histórico. Recupera el color naranja con el que ganaron en 1992 su primera Copa de Campeones de Europa con gol en el alargue del holandés Ronald Koeman a Sampdoria; y lo fusiona con el amarillo con el que eliminaron al Chelsea, en Stamford Bridge, en la semifinales de la Champions 2009. Pueden ser muy buenas y atendibles las razones, pero que la camiseta es fea, es fea. Sus propios hinchas lo asumen en redes sociales y foros dedicados a este trascendental asunto.

Otras camisetas memorables por su fealdad fueron la playera sin mangas que la FIFA prohibió usar a la selección de Camerún en el Mundial 2002. Un exótico diseño con rayas negras y naranjas que a mitad de los ’90 usó Hull City, equipo que hoy milita en la segunda división inglesa y al que apodan Los Tigres. La creatividad extrema también puede ser un riesgo. El pintor vasco Darío Urzay diseñó una camiseta para el Athletic de Bilbao que pudo tener su mérito artístico, pero que fue sacada de circulación tras el repudio de los hinchas. Era como si a una polera blanca le hubieran dado vuelta un frasco de kétchup encima.

Hace algunos meses, los lectores de Ferplei eligieron como la camiseta más fea en la historia del fútbol chileno una que ocupó de alternativa el Colo Colo 86 de Arturo Salah. ¿La recuerda? Franjas verticales azules, rojas y líneas blancas más delgadas. Se parecía un poco a la de Chacarita Juniors, reemplazando el azul por negro, claro. La marca era Penalty y el sponsor Lan Chile (qué augurio). Nunca me pareció fea, sí extraña para el Cacique.  A lo mejor en la mentada encuesta online votaron muchos chunchos, o a lo mejor fueron muchos colocolinos que no soportan nada azul. Vaya uno a saber, en cuestión de gustos no hay nada escrito.