Maldito martes 11 de septiembre

Algún genio de la numerología debe tener la explicación para entender por qué tantas cosas tristes, impactantes y vergonzosas han ocurrido un día como ayer

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“El martes 11 de septiembre volvió a mostrar su malintencionada cara llevándose al gran Sergio Livingstone”.Crédito: Agencia Uno

Perdonen mi “francés antiguo”, pero qué día de mierda el martes 11 de septiembre. Algo raro debe haber en la combinación de los números 11 y 9. Algún genio de la numerología debe tener la explicación para entender por qué tantas cosas tristes, impactantes y vergonzosas han ocurrido un día como ayer: un martes 11 de septiembre.

¿Es sólo coincidencia? ¿Será una burla del destino?

En 1973 Chile marcó en rojo la fatídica fecha. El golpe militar, un martes 11 de septiembre, inició el período más oscuro de nuestra historia con el comienzo de la dictadura de Pinochet.

El año 2001, un martes también, otra vez el 11 de septiembre se tiñó con sangre con el atentado a las Torres Gemelas de Nueva York.

Y ayer, otro martes 11 de septiembre, el calendario de las malas noticias volvió a fijarse en Chile, eligiendo nuevamente el 11/9.

Primero fue la muerte de Raquel Correa, una tremenda, una inmensa periodista que con su fina agudeza marcó un estilo en el género de la entrevista. Una profesional que con su ejemplo nos motivó a muchos a estudiar esta profesión.

Luego, a media mañana, el martes 11 de septiembre volvió a mostrar su malintencionada cara llevándose al gran Sergio Livingstone. Es verdad, el Sapito (con quien tuve la fortuna de compartir en TVN y Radio Agricultura) ya tenía 92 años y había entregado mucho más de lo que seguramente le entregaremos nosotros a este mundo. Sin embargo, este desgraciado martes 11 de septiembre, ni siquiera tuvo la delicadeza de permitirle al Sapo hacer por última vez lo que más le gustaba: ver jugar a la Selección. No, el impertinente martes 11 de septiembre marcó la muerte del ex arquero de la Roja al mediodía, cuando ya estaba instalado en el su cómodo bergere para ver el duelo de Chile ante Colombia.

Y precisamente en ese partido vino otra burla del martes 11 de septiembre. Porque cuando el equipo de Claudio Borghi tenía la oportunidad de regalarle un triunfo a Sergio Livingstone en el día del adiós, la Selección cayó inapelablemente por 3 a 1 ante los cafeteros, viéndose superada en todo momento y mostrando la peor cara del proceso de Borghi jugando en casa.

Cuesta pensar en la pelotita cuando el martes 11 de septiembre volvió con tanta tristeza. El recuerdo y las fracturas del golpe del ’73, las escalofriantes imágenes de las Torres Gemelas y los lamentables decesos de Raquel Correa y el Sapo Livingstone hacen que analizar el rendimiento de nuestra Selección parezca inútil, estúpido, superfluo.

Pero hay que hacerlo, es la pega. Y si algo dejaron como legado la entrevistadora política y el comentarista deportivo fue su dedicación al trabajo, su amor por la profesión y su prolijidad en el cumplimiento del deber.

Para el olvido lo hecho por Chile ayer en el Monumental. Un equipo frío, sin reacción ni respuestas, predecible, endeble en el fondo y con nula profundidad en ataque. Colombia nos dio un toque. En el primer tiempo un toque sin mayor peligro en nuestro arco. En la segunda fracción un toque con profundidad, despliegue ofensivo y goles. Tres.

¿Hasta cuándo este grupo se autoflagela con indisciplinas? ¿Cuál dice usted? La de Gary Medel pues. La disciplina de un futbolista no se acaba evitando un escándalo farandulero, también se reafirma, y con más fuerza, adentro del campo de juego. Lo de Medel ya es para psicólogo. En España, con la camiseta del Sevilla, corre como ninguno y no se hace expulsar jamás por niñerías. Acá en Chile también corre como animal, pero ya se va haciendo costumbre que se le suelte la cadena con la camiseta roja. Imperdonable. A este nivel, y más encima jugando mal, un hombre de ventaja es un castigo demasiado contundente.

Ni siquiera el espejismo de la ventaja parcial con el golazo de Matías Fernández, el mejor jugador de Chile ayer, sirvió para mejorar las cosas. Todo lo contrario, empeoraron y no sólo por el volumen ofensivo que ganó el equipo de Pekerman en el segundo tiempo, sino especialmente por la falta de lucidez del cuerpo técnico chileno.

¿Qué pasó en el camarín rojo en ese descanso? ¿Acaso la banca no vio el mismo primer tiempo que vimos todos? ¿Por qué no se buscó cambiar la fórmula para aprovechar la ventaja y disimular el hombre menos? ¿Cómo? De muchas maneras: armando una línea de cuatro en el fondo, reposicionando a Vidal y ubicándolo junto a Marcelo Díaz en la contención. Intentando aprovechar los espacios que dejaría Colombia en defensa adelantando a Sánchez en vez de retrasarlo, haciendo algún cambio antes de que los amarillos se vinieran con todo, etc. Para eso está los técnicos, para leer lo que ocurre en la cancha y reaccionar cuando es necesario. Ayer lo hizo Peckerman y acertó con los cambios en nombres y momento. El suspendido Borghi y su ayudante Jaime Vera no dieron con la tecla, no hubo solución desde la banca al paupérrimo nivel colectivo que mostró el equipo en la cancha.

Ahora, en un mes exacto, se vienen dos duelos bravísimos: el crecido Ecuador en el infierno de la altura de Quito y Argentina acá en Santiago. La derrota ante Colombia les metió presión a Borghi y sus muchachos. Hay que sumar en el Atahualpa y volver a hacerse respetar de local en el Nacional. Chile sigue en carrera, pero debe mejorar mucho para olvidar rápido este maldito martes 11 de septiembre.

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