El Equipo

Cualquier deportista, desde un velocista de cien metros hasta un futbolista goleador, depende de un equipo.

Por Soledad Bacarreza
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Nadezhda Ostapchuk dio positivo. No sabía lo que le suministraban en los alimentos. / Crédito: Getty Images

Cualquier deportista, desde un velocista de cien metros hasta un futbolista goleador, depende de un equipo. La suspendida campeona olímpica de bala, la bielorrusa Nadezhda Ostapchuk, ignoraba que su entrenador le estaba suministrando sustancias dopantes en la comida. Su fracaso, castigo y humillación pública se deben a que su propio equipo, su círculo de confianza, le falló. Porque a pesar que su deporte es individual, no está sola en esa pasada. Tiene gente que la “ayuda” a destacar.

Un ciclista de los grandes tours, que recibe la instrucción técnica de cuidarle el puesto y trabajar para una figura, no puede correr con colores propios y escaparse a la primera. Hay un equipo que tiene una estrategia cuya consecución es tarea de todos. El que no cumple, no ayuda. Y si no ayuda y atornilla para sí mismo, se le descarta para la próxima. Los “peones” tienen ese rol, les guste o no.

¿Ud cree que Kemar Bailey-Cole alegó porque lo sacaron de la cuarteta de 4×100 metros de Jamaica para la final olímpica, habiendo corrido él las series? Por supuesto que no; así estaba definido, que remplazara a Bolt en la primera ronda. Lo llevaron para que le fuera funcional al equipo.

Porque una cosa es el talento natural, otra distinta es hacer lucir esas condiciones en beneficio del equipo. Todos ganan cuando gana un deportista: los hinchas, los técnicos, los auspiciadores, los negocios, porque finalmente para que un deportista se luzca, sea en el deporte que sea, necesita de colegas, compañeros, comparsas. De un sistema compuesto por otras personas, cada una de las cuales cumple un rol. Falla una, fallan todas. O sea, el equipo.

Por eso, habiendo tanto en juego, no se explica cómo Gary Medel, con todos los años que ya tiene de fútbol encima, todavía no entienda que juega para un equipo, aquel conjunto de deportistas que persiguen el mismo objetivo. Devolver un zarpazo sigue siendo para él más importante, imposible de controlar.  Tampoco se explica cómo Arturo Vidal llega al país alegando por los medios que el puesto que el técnico le asigna no le acomoda –aunque sea cierto- anteponiendo su propia conformidad a los requerimientos comunes.

Algunos de los integrantes de este equipo están más preocupados de ellos mismos que del conjunto. Unos privilegiando los instintos y acomodos personales. Otros, cayendo en pataletas que terminan en expulsión y  en hipoteca de posiciones;  mandamases mezquinando  jugadores, guardándoselos sólo para el club, y que se las arreglen como puedan y con lo que quede en el equipo de todos.

En el deporte en general se usan las palabras “peón”, “ayudante”, “funcionalidad”, “refuerzo”, “generosidad”, “rol”, “escudero”, “asistencia”, “armador”. Y cientos más cuya base es el sentido de apoyo y colaboración. Cuando un deportista de memoria y mecha corta,  no retiene al menos una de estas definiciones, entonces no es garantía de funcionalidad. Y así, la cosa no anda. Menos camina cuando un equipo es saboteado también desde fuera, desde los clubes que bogan sólo para su lado y no sueltan piezas importantes. Ahí la cosa sí que anda definitivamente para atrás.

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