Doña Raquel y el Sapo

El largo feriado por las Fiestas Patrias dejó pendiente nuestra columna sobre dos personas muy queridas que nos dejaron: Raquel Correa y Sergio Livingstone.

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Sergio Livingstone (en la foto) y Raquel Correa, “dos personas queridas que nos dejaron” / Crédito: Archivo.

El largo feriado por las Fiestas Patrias dejó pendiente nuestra columna sobre dos personas muy queridas que nos dejaron: Raquel Correa, el lunes 10 a los 68 años, y Sergio Livingstone, el martes 11 a los 92. La popularidad de doña Raquel, una periodista seria, no podía competir con la del Sapo, un ídolo del fútbol,  y eso se reflejó en el espacio que le destinaron los medios.

En las sentidas notas que hicieron las colegas de Raquel Correa siempre se refirieron a su capacidad de trabajo, al profesionalismo con que preparaba sus entrevistas y a sus requerimientos al archivo (al centro de documentación, no a la primera página de Google).

Curiosamente, dejaron de lado la principal virtud periodística de Raquel: la contrapregunta. En eso era muy buena. Allí demostraba su respeto al entrevistado, porque lo escuchaba con atención, y su inteligencia para llegar a lo valioso del tema, desechando la respuesta superficial y las relaciones públicas. Sin incurrir en impertinencias, cuando descubría un flanco iba sobre él con la precisión de un relojero suizo.

De Sergio Livingstone se dijeron tantas inexactitudes. Empezando por el Presidente de la República, varios repitieron que “el Sapito nunca habló mal de nadie”. Humano como era, por supuesto que habló mal de alguien. Basta recordar los episodios en que se le quedó abierto el micrófono y descalificó al entrenador Fernando Carvallo, después de un empate 4-4 entre Universidad Católica y Olimpia en San Carlos de Apoquindo; a Marcelo Salas, cuando el Matador lucía sobrepeso, y al portero Cristopher Toselli. O su reacción cada vez que se citaba a cierto goleador de la Copa Libertadores: “No me hable de ese enfermo de vanidad”.

Enseguida, partiendo por el ex presidente del fútbol chileno Harold Mayne-Nicholls, muchos dijeron que Livingstone había hecho escuela no sólo en nuestro país sino también en Argentina. Esto último es lo más fácil de rebatir porque allá apenas jugó un año (1943). Y en Chile por la sencilla razón que su calidad estaba sobre el promedio de los otros arqueros y su estilo no pudo ser imitado.

¿Qué es hacer escuela? Que el maestro sea un espejo para sus alumnos. Como fue Cua Cuá Hormazábal de Jorge Toro y Chamaco Valdés, que a su vez fue ejemplo para el Koke Contreras. Tal como Elías Figueroa y Alberto Quintano siguieron la huella de Raúl Sánchez. ¿Estamos?

Lo más admirable de Sergio Livingtone era su pasión por lo que hacía. Cada vez que lo llamé por teléfono, de fondo se escuchaba el televisor puesto en un partido de fútbol, uno de tenis o de otro deporte. También su sentido del humor. Durante el Mundial de Sudáfrica 2010 me tocó compartir con el Sapo el horario de almuerzo en el Hotel Radisson. Cierta vez lo sorprendí mirando tres kiwis de mi postre de frutas y le pregunté si los quería. Contestó que no. Insistí porque no les quitaba la mirada. Nueva negativa. Le dije que no fuera cabro chico a sus 90 años y que se los sirviera. “¡Soy cabro chico!”, replicó. Entonces, tomé el tenedor y simulando el vuelo de un avión le di los kiwis en la boca por tres veces…

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