Los 16 días del Bichi

Ojalá que el Bichi esté enojado, pero por el pobre desempeño de su equipo.

Por Francisco Sagredo

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Hoy miércoles se cumplen 16 días desde la contundente, dolorosa y preocupante derrota de la selección chilena frente a Colombia en el Estadio Monumental.

16 días han pasado desde ese tres a uno de los cafeteros. Un resultado que no dolió tanto en la tabla de posiciones del tortuoso camino a Brasil 2014 -la Roja sigue en zona de clasificación y quedó a sólo dos puntos de los líderes-, sino más bien hirió mucho las confianzas y convicciones del medio en el trabajo futbolístico que plasma el equipo de todos.

Porque hace 16 días el cuadro de Claudio Borghi mostró muy poco sobre el césped de Macul, casi nada en realidad, y eso es lo que más preocupa, sobre todo cuando se venía de otra actuación desastrosa: el tres a cero que nos propinó Ecuador en el amistoso de New Jersey.

16 días han transcurrido también sin escuchar algún concepto, algún comentario, alguna reflexión de Borghi sobre lo que se hizo, y especialmente lo que no se hizo, durante esa tarde del 11 de septiembre ante el combinado de José Peckerman. Más de dos semanas sin poder enterarnos por qué Chile no armó una línea de cuatro durante el entretiempo de ese nefasto duelo; entender por qué no se optó por ubicar a Arturo Vidal como volante tras la expulsión de Gary Medel o simplemente escuchar las razones y conceptos del que más sabe, se supone, de lo que le conviene o no a la selección nacional.

16 días de silencio absoluto en un entrenador acostumbrado al diálogo permanente, a la entrevista sincera y al llamado telefónico con “las radios amigas”. 16 días de un Borghi ausente, mudo, recluido en su círculo de hierro. 16 días sin respuestas, ni explicaciones ni proyecciones para lo que se viene ahora, a la vuelta de la esquina, en exactamente 16 días más ante Ecuador en Quito el 12 de octubre y de inmediato, el 16 en Santiago, frente a la Argentina de Messi en Ñuñoa.

16 días faltan para volver a sentir el nervio de una fecha de la clasificatoria mundialista y comprobar si lo que ocurrió ante Colombia, hace 16 días, sólo fue una mala tarde, de esas que todos ponemos tener o, lo que muchos temen, se trató de la comprobación de que el trabajo de Borghi en Juan Pinto Durán no está dando frutos ante la evidencia del escaso, por no decir nulo, fondo futbolístico que ha mostrado la Roja en la mayoría de sus presentaciones en este 2011.

Ecuador y Argentina serán dos rivales muy complicados. Quito se ha transformado en una valla impasable para Chile en los últimos tres procesos eliminatorios (hay que remontarse al cabezazo de Marcelo Salas el año 1997 para encontrar un resultado positivo en el infierno del Estadio Atahualpa). Mientras que Argentina es y será Argentina. Por algo se le ha ganado por los puntos una sola vez en la historia. Claramente dos rivales poco ideales para un equipo y un entrenador que necesitan reencontrar las confianzas, recuperar el rendimiento y volver a sumar puntos.

Dicen que Claudio Borghi ha mantenido este sepulcral silencio porque está enojado, dolido, amargado. Cuentan que lo han tocado mucho las críticas del medio, que se siente injustamente perseguido y que la suspensión de cinco partidos que le impuso la Fifa no hizo más que profundizar su desánimo. No tengo idea si esos rumores son ciertos y en realidad tampoco me interesa. Es más, ojalá que el Bichi esté enojado, pero por el pobre desempeño de su equipo hace 16 días. Me encantaría que fuera cierto que nuestro DT está muy dolido ¿Y qué querían? Yo o usted estaríamos igual si nuestro trabajo no estuviera rindiendo frutos. ¿Amargado? Obvio, uno se amarga cuando las cosas salen tan mal.

Sin embargo el cliché nos recuerda que “el fútbol siempre da revanchas”. Ojalá que Borghi y sus dirigidos se la empiecen a tomar en Quito. De ellos depende, sólo de ellos, de nadie más, demostrar con hechos que el proceso del Bichi puede llegar a puerto. Son ellos, el entrenador y sus pupilos, los únicos capaces de tapar bocas y revertir la imagen que han dejado en sus últimas presentaciones. En el fondo son ellos quienes tienen la última palabra. En 16 días más sabremos si empezarán, por fin, a tomársela en serio.

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