Jefe Johnny

Si un entrenador no considera "tan grave" manejar ebrio y con el duplicado de una licencia suspendida por atropello con muerte, entonces qué se les va a pedir a las barras

Por Soledad Bacarreza

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Si a alguien le quedaba alguna duda acerca de los vínculos entre las barras y las dirigencias formales de los clubes, la última avalancha de revelaciones y amenazas deben haberlas disipado.

Pancho Malo se cuestiona a través de mails al ex jefe de seguridad de ByN si todos quienes “prestan servicios” son tratados como a él, con atrasos en los pagos. Pero en la misma misiva hace exigencias de jefe: aumento de entradas, buses para la barra, bonos por no aparecer en la prensa en hechos negativos. Dispone además de fechas de celebraciones, con 270 invitados, bufet incluido. Le faltó sólo definir el menú.

Pancho Malo defiende sus intereses y los de la Garra Blanca con todos los elementos a su alcance, incluyendo amenazas directas. Se autodefine como “decente”, pero a la frase siguiente muestra los dientes y anuncia que dejará de serlo. Porque le deben plata. Porque un dirigente recibe en su oficina a un jugador del plantel antes que a él. Y ahora, una conversación de entretiempo entre la intendenta y ByN, se filtra inmediatamente, con las consiguientes amenazas de muerte a Cecilia Pérez por mostrarse a favor de borrar el mural de la Garra Blanca en el Monumental. Y eso fue hace cuatro días, no el año pasado. ¿Tendrá algo que decir ahora la nueva ley?

La autoridad está mal distribuida en el fútbol. Y eso no sólo es adjudicable al poder que ha acumulado y que le han otorgado los dirigentes a Pancho Malo y a otros como él. También hay responsabilidad de parte de quienes tienen los medios para  mostrarse firmes ante los errores, ante la influencia de quienes no debieran ostentarla. Si un entrenador no considera “tan grave” manejar ebrio y con el duplicado de una licencia suspendida por atropello con muerte, en estado de ebriedad también, entonces qué se les va a pedir a las barras… ¿buen comportamiento, que cumplan con la ley, que no amenacen? Si en el Monumental hay gente sentada en las escaleras, con el consiguiente problema de evacuación en caso de emergencia ¿se les van a negar las entradas a la barra? ¿Con qué cara si en ByN no cumplen con las mínimas medidas de seguridad?

Ya no se trata de si los dirigentes tienen o no lazos con los garreros: los tienen desde siempre, antes y después de la modificación a la ley, aunque ya no sean “formales”. Los dirigentes han sido reiteradamente incapaces de frenar la violencia, por miedo, porque les amenazan a los hijos, a la familia. Entendible, inmanejable. Hay una parte del futbol, las barras, que se niega a quedarse sin trabajo, sin entradas, sin macheteo, sin privilegios. Pero lo que no se puede entender es el fomento a la mala conducta por parte de quienes deben, al menos, dar el ejemplo.

Una cosa es estar de manos atadas con el tema de las barras, otra distinta es unirse al descalabro de valores, avalar delitos, “juramentarse” un grupo de jugadores que le dedicará un triunfo en “apoyo” a un jugador que se ríe de las leyes chilenas. El respaldo de toda la Universidad de Chile, desde el entrenador, pasando por los dirigentes y jugadores, sólo demuestra que el jefe es Johnny  Herrera, con inmunidad para todo. Después de eso, ¿se les va a pedir a las barras algo distinto?

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