La burbuja del fútbol chileno

Lo claro es que la situación no da para más. La bancarrota parece a la vuelta de la esquina.

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Ayer, en este mismo espacio de opinión, Juan Cristóbal Guarello (ver columna) se refería a la permanente crisis económica del fútbol chileno, relatando las millonarias deudas que posee la inmensa mayoría de los clubes de Primera A, Primera B y la Segunda División Profesional de nuestro fútbol. Con pertinente curiosidad, el colega se preguntaba “¿por qué otra vez la Anfp coqueteaba con la bancarrota?” en plena era de Sociedades Anónimas y si la preocupante situación, que años atrás llevó a la quiebra a varias instituciones en un marco administrativo muy distinto (sin S.A.) no era más que la comprobación de que “el balompié rentado en Chile es sinónimo de malos negocios”.

El tema es complejo, preocupante y no hace más que demostrar, independiente del formato regulador que asuma la industria futbolística a través de corporaciones privadas o sociedades anónimas,  que llegó el momento de hacer algo serio y definitivo para evitar otra seguidilla de quiebras, desfalcos y desastres económicos.

Antes la culpa era de tipos que sabían mucho de fútbol, pero poco y nada de administración y responsabilidad comercial. Llegaron empresarios exitosos; expertos en balances azules con enormes fortunas personales y que se manejan con éxito en sus emprendimientos privados. ¿El resultado? El mismo: la economía del fútbol profesional va a los tumbos a pesar del millonario subsidio mensual del CDF. Es decir, ahora la culpa es de gente que además de no administrar bien la empresa futbolística tampoco entiende de la pelotita (salvo la de golf obviamente. En esa varios se “peinan” en los campos más pirulos del país).

¿Qué pasa con la “industria futbolera”? ¿Qué hacemos para que de una vez por todas sea una actividad sana, rentable, exitosa o al menos autosuficiente? Acá, más allá de los nombres propios de dirigentes y clubes, existe un problema de fondo y que tiene que ver con el absurdo tamaño de nuestra estructura futbolística en relación a la realidad del medio.

Porque en un país chico, de poco más de 16 millones de habitantes y con una escasa cultura deportiva, pretender la existencia saneada y rentable de 37 equipos profesionales (18 en la A, 14 en la B y 5 en la Segunda División Profesional) parece una quimera imposible, irresponsable y poco inteligente.

La discusión no es sencilla, principalmente porque cada hincha, cada dirigente y cada simpatizante tiene derecho a pensar que su club, por pequeño, poco solvente o competitivo que sea, es lo más importante del universo. Es el problema de discutir con la camiseta y el corazón antes que con la lógica y la razón. En Chile, y específicamente en la Anfp, el cambio de estatutos que permita la desaparición de una u otra institución pasa, principalmente, por una decisión del Consejo de Presidentes… Sí, precisamente los presidentes de los mismos clubes que coquetean con la quiebra, poseen escaso poder de convocatoria y casi nula infraestructura.

Revisemos datos contundentes.

En la región del Bío Bío por ejemplo, hoy son parte de alguna de las tres divisiones del profesionalismo Huachipato, Universidad de Concepción (ambos en Primera A), Ñublense, Deportes Concepción, Naval, Lota Schwager (los cuatro en Primera B), Iberia y Fernandez Vial (los dos en Segunda Profesional).

Nada menos que ocho equipos en una sola región. Ocho instituciones que suman más de mil millones de pesos entre deudas previsionales y documentos impagos en Dicom. Ocho clubes que entre todos, considerando la última presentación de local de cada uno, sumaron apenas 12.500 espectadores… Un mal chiste.

Suma y sigue: en las últimas tres jornadas de fútbol hubo trece clubes de alguna división profesional que no llegaron a las 1.500 personas en las tribunas. ¿La lista? Extensa: Palestino, Unión La Calera, Audax Italiano, Universidad de Concepción, Cobresal, Unión San Felipe, Santiago Morning, Lota Schwager, Unión Temuco, Naval, Magallanes, Barnechea y Deportes Copiapó.

Y así podríamos estar todo el día dando cifras que demuestran la sobre oferta, en relación a la demanda de público y la capacidad de sobrevivencia económica, que hoy existe en el fútbol “profesional” chileno.

Lo claro es que la situación no da para más. La bancarrota parece a la vuelta de la esquina y se hace indispensable reformular, reorganizar y repensar los cimientos en los que se ha construido la Anfp. Hay que hacer una reforma profunda, no queda otra. Basta de instituciones que se sostienen sólo en un pasado glorioso, el bolsillo de un mecenas o como meros negocios de especulación.

Llegó la hora de poner la pelota contra el piso, detenerse y reorganizar todo. Basta de seguir inflando la burbuja del fútbol chileno. ¿Acaso no se dan cuenta que está muy cerca de reventar?

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