Somos metiches

Al parecer no estamos acostumbrados a tener figuras más que en el tenis, y algunos en el fútbol.

Por Soledad Bacarreza

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La participación de Tomás González en  la exhibición que realizará el equipo alemán de gimnasia el próximo 6 de octubre no está en duda. El gimnasta confirmó su presencia a las autoridades de la Federación para recibir el galvano, diploma, flores o lo que surja de la creatividad federada para recordar sus dos cuartos lugares en Londres.

Lo que está en suspenso es si el gimnasta hará algún tipo de rutina. Al parecer la brecha entre lo que cobra Tomás por actuar -su mamá es quien maneja los temas económicos- y lo que ofrece la Federación es demasiado grande. La Máquina se reservaría así para unos días después, cuando se presente en una gala en México, donde si están dadas las condiciones para su participación.

La polémica no se dejó esperar, e incluso se dijo en un diario, como antecedente de esta práctica de los cobros, que el doble finalista olímpico había compartido las ganancias del último torneo nacional, donde él se habría llevado el aporte de los auspiciadores, y la Federación, los ingresos por la venta de entradas.

González golpeó la mesa a través de su Twitter y afirmó que ese diario mintió, ya que jamás se ha embolsado un peso por participar en un campeonato nacional. Y lo cierto es que en ese torneo la entrada era liberada, por lo que difícilmente el gimnasta pudo compartir ingresos inexistentes.

¿Es frecuente que un deportista cobre por una exhibición?  En el caso del tenis parece absolutamente justo y habitual. Nadie se espanta si los jugadores cobran hasta por la Copa Davis. Quien podría creer que Andre Agassi vendría gratis a la despedida oficial de Fernando González. El ex número uno no tiene siquiera fechas disponibles, ya que sigue fabricando dólares en las canchas.

¿Por qué sorprende tanto entonces que un gimnasta, y uno muy destacado, haga lo mismo? Porque al parecer no estamos acostumbrados a tener figuras más que en el tenis, y algunos en el fútbol, por el derecho que otorga la popularidad de la disciplina. En período de “descanso” competitivo, los deportistas son requeridos para todo tipo de eventos, la mayoría de ellos, pagados.

Nadie le ha reprochado nunca a las bellezas del tenis o a los mejores del mundo el que facturen por sus destrezas. Pero acá, por alguna razón mezquina, se cree que un gimnasta como Tomás tiene casi la obligación de presentarse donde lo requieran, y gratis. Un sesgo para un deportista cuya carrera es significativamente más corta que la de  otros, donde debe intentar acumular ganancias en un período menor, con torneos donde no existen los premios en dinero. ¿Queremos además que tampoco cobre por las exhibiciones? Un poco más de sensatez no vendría mal en este caso.

A los chilenos nos gusta meternos en la vida ajena. Ahora es con el manejo económico de González, antes lo fue con el retiro de Massú. Cientos de blogs pidiéndole que deje el tenis con dignidad, a tiempo, con gloria y no en el suelo del ranking. Una vez más, ¿quiénes somos nosotros, los que nunca estuvimos en sus zapatillas, para decidir por él? Nicolás Massú puede seguir jugando tenis hasta que se le dé la gana, es su carrera. Y quienes afirman que es humillante seguir descendiendo lugares, perder partidos durante meses, probablemente son los mismos que en su momento criticaron el retiro prematuro de Marcelo Ríos. Una masa de “seguidores” que poco entiende lo que es la pasión por una carrera, pero en cambio se adjudican el derecho de otorgar “consejos” de retiro que nadie les ha pedido.

Tomás González puede cobrar lo que quiera. Si se lo pagan o no, es otra cosa. Nicolás Massú puede retirarse cuando él quiera, sin poner en peligro el honor y la gloria que ganó. Y quienes creen tener el derecho de recomendar, o decidir lo correcto por ellos, debieran en vez agradecer sus logros, envidiar sus triunfos y perseverancia y no criticar sus tiempos ni manejos.

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