¡Trabajo, trabajo, trabajo!

La última presentación, derrota a manos de Colombia en el estadio Monumental, resultó la gota que rebasó el vaso de la inquietud por la tarea de Claudio Borghi

Por Chomsky

Imagen foto_0000000320121008085916.jpg

En las elecciones parlamentarias de 2005, un candidato independiente por San Antonio disponía solamente de dos segundos para su propaganda en la franja electoral de televisión. Entonces, con vehemencia pronunció: “¡Trabajo, trabajo, trabajo!”. Imposible no recordarlo a días de que la selección nacional enfrente sus partidos por las eliminatorias sudamericanas con Ecuador en Quito y Argentina en Santiago.

La última presentación, derrota a manos de Colombia en el estadio Monumental, resultó la gota que rebasó el vaso de la inquietud por la tarea de Claudio Borghi. Fue la enésima comprobación de su falta de recursos cuando navega con el viento en contra. Es asunto de recordar su labor en el partido de vuelta entre Colo Colo y Pachuca por la Copa Sudamericana (diciembre de 2006), el segundo tiempo frente a España en Saint  Gallen, Suiza (septiembre de 2011) y las actuaciones en Buenos Aires (octubre de 2011) y Montevideo (noviembre de 2011), donde cosechó sendas goleadas de 4-1 y 4-0, respectivamente. Si el lector quiere sumar preocupación, agréguese el 3-0 ante Ecuador en Nueva York, Estados Unidos (agosto de 2012).

Los técnicos suelen reflejar en sus equipos las características que ellos tuvieron como jugador. El arquero Daniel Morón fue dirigido por sus compatriotas Óscar Malbernat y Fernando Cavalleri y hace años me comentó que parecía que uno de ellos sólo había asistido a las clases de defensa en el curso de entrenador y el otro únicamente a las de ataque. Claro, el Cacho Malbernat fue un lateral que marcaba muy bien en el Estudiantes de La Plata campeón de la Copa Libertadores y de la Intercontinental, y el Palo Cavalleri, un zurdo de juego alegre y ofensivo. Mientras uno pensaba en el arco propio, el otro lo hacía en el de enfrente.

Por razones que él conoce mejor que nadie, el Bichi Borghi jamás cristalizó sus ricas condiciones y estuvo a años luz de ser el sucesor de Diego Maradona que muchos le auguraban. Se conformó con ser un conductor más efectista que efectivo y no por nada no jugó en la mayoría de los clubes por los cuales pasó. Entre sus muchas frases desafortunadas, Borghi proclama que él es jugador y que morirá siéndolo. Su confusión de roles agrava el problema.

En las últimas décadas, cobró importancia el preparador de arqueros y hoy no existe un entrenador que no lo tenga. Vistas las serias deficiencias de nuestra defensa, acaso sea hora de que la selección cuente con un preparador de zagueros (no sabemos si Miguel Ramírez cumple esa función y si lo hace a tiempo completo). Porque no puede ser casualidad que el argentino Gonzalo Higuaín, el uruguayo Luis Suárez y el colombiano Radamel Falcao García se hayan hecho un picnic con la retaguardia chilena…

Si se esgrime el argumento de que no hay presupuesto para un preparador de zagueros, eso es economía malentendida. A ver si dirían lo mismo si Chile queda afuera de la Copa del Mundo Brasil 2014… Por último que inviten a Elías Figueroa y otros ex zagueros de calidad para que enseñen las normas elementales. Porque si se trabaja bien en Juan Pinto Durán, eso no se refleja en la cancha.

Contenido Patrocinado
Loading...
Revisa el siguiente artículo