Historia natural de la destrucción

Esta semana hemos sabido de varias noticias inquietantes que señalan a importantes y tradicionales escenarios deportivos en serio riesgo de desaparecer.

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Joaquín Edwards Bello apuntaba hace 60 años sobre el placer nacional de las demoliciones. Cómo Santiago, en un par de decenios, se convertía, o pujaba por ello, en una ciudad sin hitos reconocibles, salvo los habituales (La Moneda o el cerro Santa Lucía por ejemplo). Esta semana hemos sabido de varias noticias inquietantes que señalan a importantes y tradicionales escenarios deportivos en serio riesgo de desaparecer o que ya están sentenciados:

a) El estadio Ferroviario de San Eugenio ya fue clausurado y se espera el cambio de uso de suelo para construir viviendas. El club de tenis que funciona allí también está en la mira. En vez de reformar y modernizar (y poner todo el barrio a hacer deporte), vendemos, destruimos y ganamos dineros. O sea, ganan algunos. El patrimonio, la historia y la identidad no importan. Dinero, dinero, dinero.

b) El club Internacional de tenis de Bellavista fue desalojado y su única salvación es la condición de monumento nacional que tiene el club house. Es decir, no pueden derribarlo y hacer algún adefesio (o edificio) de 30 pisos. Pero la ministra de Bienes Nacionales, Catalina Parot habló de un “polo gastronómico” ¿Y las canchas? ¿y el tenis? ¿y los vecinos que jugaban allí porque era barato? Chao. Concesionamos y topón para adentro. La historia del tenis chileno queda coja.

c) El Hipódromo Chile corre el riesgo de ser expropiado para ensanchar Avenida Vivaceta. No les creo nada. Nuevamente el afán depredador de algunos que matarán un sector histórico, tradicional para ensanchar una calle, claro, pero también vender el resto y construir edificios (los mismos que salen como callampas en todos lados). Tres mil personas se quedarán sin trabajo y el barrio Independencia perderá su cara, su pasado, todo.

El mismo Estadio Nacional no se escapa. Chiledeportes (bajo el seudónimo de Subsecretaría de Deportes), decidió sacar las canchas de béisbol y el velódromo y mandarlos a Peñalolén. El cambio de ubicación es malo en todo sentido. Los jugadores y ciclistas deberán ir a un lugar con pésima locomoción y a trasmano. El cambio no tiene justificación alguna. Lo peor es que el béisbol y el softbol metropolitano se queda sin escenario a partir de enero del 2013 y la cancha de Peñalolén ni siquiera han comenzado a construirla. Y no termina allí, en el Estadio Nacional hay dos canchas oficiales de béisbol y dos de softbol (cuatro en total), en el nuevo escenario habrá una sola cancha híbrida sin medidas oficiales para jugar béisbol. Una sentencia de muerte para este deporte. Pero, tranquilo, esto no es todo, también desaparecerá la mayoría de las canchas de fútbol donde decenas de ligas amateurs, con miles de jugadores de todas las edades, juegan cada semana.

¿Qué hará Ruiz-Tagle con el Estadio Nacional? Un parque. Que la gente, en vez de deporte, coma asados, haga picnics y ande de paseo. Donde antes había deportistas federados, con sus uniformes, compitiendo sana y seriamente, ahora veremos guatones parrillando, gente tomando sol y perros de paseo. Es decir, el subsecretario de Deportes en vez de fomentarlo, lo elimina.

¿Hubo concurso público para esto? No. ¿Hubo debate público para esto? No. Todo se hizo a dedo, pasando por arriba de las federaciones de ciclismo y béisbol. Me consta que esta última, que tiene más de 500 deportistas activos cada fin de semana, ha agotado esfuerzos para evitar la catástrofe. Desde Chiledeportes sólo les han contestado con indiferencia humillante. ¿Subsecretaría de qué? No me hagan decirles.

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