Ventajas

A un día del partido entre Ecuador y Chile, cuando ya el pitazo está encima, recién ahora asoma el análisis de cómo tendría que pararse la selección en tal crucial encuentro.

Por Soledad Bacarreza

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A un día del partido entre Ecuador y Chile, cuando ya el pitazo está encima, recién ahora asoma el análisis de cómo tendría que pararse la selección en tal crucial encuentro. Recién ahora, cuando ya se agotaron -siendo bien optimista- todos los temas que han copado las páginas deportivas y que no son, ni rozan siquiera, lo técnico, las estadísticas o los pronósticos. Nuestra selección de fútbol se convirtió, por diversas razones, en un reality deportivo donde sus protagonistas, los encargados de darle forma al proyecto de las clasificatorias, están todos amenazados por convivencia y han ofrecido una fuente inagotable de noticias que nada tienen que ver con el rendimiento futbolístico ni con el ánimo que debiera rodear un partido. O sea un ánimo de concentración, enfoque, disciplina, de ausencia de conflictos, de armonía. Por último de preocupación ante dos encuentros difíciles y que comenzarán a definir la presencia de Chile en el Mundial de Brasil.

En vez de todo lo anterior, la Selección tiene a un técnico cuya máxima preocupación –razón por la cual no hablaba con la prensa- es reducir un castigo que lo aleja de la pega hasta marzo. No me digan que Borghi ha estado 100% abocado a planificar la fecha doble con la espada de Damocles  a punto de caerle y dejarlo sin autoridad durante los 90 minutos más importantes del proceso. Y por 4. El adiestrador ha estado con la mente dividida y lo seguirá estando, tras el anuncio de una nueva apelación. Desdibujado.

La teleserie de los arqueros, capítulo aparte. Declaraciones cruzadas entre los seleccionados y Johnny Herrera: que quiénes lo quieren, quiénes lo aceptan y quiénes directamente lo rechazan. Páginas dedicadas a un jugador con apenas dos partidos amistosos con la Selección, separados por tres años,  que no es referente, que no es histórico. Condicionado por problemas que nada tienen que ver con fútbol. Y la saga de Valdivia, quien en la tierra de la inconsecuencia en la que vive  todavía no procesa que el único que cerró la puerta por fuera a la Selección fue el mismo, que si no lo llaman es porque no se atiene a las reglas. Pero otra vez, páginas llenas con las desventuras de jugadores que no están en el proceso.

Así es casi imposible concentrarse, dedicarse. Ni en las selecciones, ni en las grandes ligas, ni en los deportes individuales. Los triunfos no son casualidades, ni suerte, ni divinidades o sólo condiciones naturales. Los triunfos son trabajo. Son años de sintonía con las exigencias de la actividad. Los éxitos son el resultado de una actitud consecuente, de manera constante, temporada tras temporada. Y desafortunadamente, a nuestra selección le sobran muchas cosas. Le sobran distractores, polémicas y desventuras protagonizadas por quienes son parte del equipo y también por quienes están fuera, decididos a seguir agitando aguas donde ya no se bañan. En un torneo pre mundialista tan apretado, es otorgar demasiadas ventajas.

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