No creo en cábalas, pero...

La cábala se extiende por todo el período de tiempo en el que las victorias se mantienen, y termina en el mismo momento en que aparece la sombra funesta de la derrota.

Por Carlos Costas

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Dicen Mouat e Hidalgo en el Diccionario Ilustrado del Fútbol (Lolita Editores, 2011) que se trata de un “hábito supersticioso que se ejecuta antes de un partido o durante el mismo para ganarlo o al menos no perderlo. La cábala se extiende por todo el período de tiempo en el que las victorias se mantienen, y termina en el mismo momento en que aparece la sombra funesta de la derrota”.

Estoy convencido que no sirven para nada. Pero en días en que las cosas parecen cuesta arriba, en que tampoco acompañan las estadísticas y hasta los más optimistas se muestran cautos, mejor no descartar nada. Además a nuestra Selección le acomoda eso de no ir de favorita. Otra lección bien aprendida de aquel florido universo de frases hechas y reflexiones sacadas del más común de los sentidos que nos legó para siempre el gran JM, porque “usted sabe que cuando menos esperábamos de Chile, blablabla…”.

Hace ya bastantes años y desesperado por la posibilidad de que mi equipo se fuera por primera vez a segunda división, no dudé en prenderle velas a una imagen de la virgen de Montserrat que había en el dormitorio de mi abuela. Jugábamos de visita en Talca y escuché el partido pegado a una radio a pilas. Funcionó. Esa vez nos salvamos de los potreros. Pero una década después igual bajamos en una aciaga  noche antofagastina. Claro, que yo ya estaba más crecidito –y aunque me dio pena y rabia- consideré que llevar adelante cualquier rito era un disparate. Además, siendo honesto, tampoco tenía al alcance de la mano a la milagrosa virgencita morena.
Si el hincha es cabalero, los jugadores ni qué decir. No hace muchos años, haciendo trámites me encontré en la salida de un edificio con el emblema de esa campaña que salvó a mi equipo del descenso. Tenía el recuerdo que ese talentoso volante escondía el calcetín de uno de sus hijos bajo el brazalete de capitán, como una especie de amuleto. El tipo se descolocó por completo y apenas me sonrió cortésmente cuando lo abordé para agradecer y, sí lo reconozco, darle un poco de jugo también. Lo más imperdonable y estúpido fue que en mi entusiasmo olvidé lo más importante: confirmar el dato del calcetín.

Repetir la vestimenta, sentarse en el mismo lugar del estadio o frente al televisor, no pisar la línea de cal, o  escuchar siempre una canción en el bus o el camarín. A la hora de los quiubos, cuando los puntos valen, todo sirve.

Fue “Sopa de Caracol” en el Colo Colo campeón de la Libertadores, o es “El Polvito del Amor” del grupo de cumbia argentino, Amar Azul, en la actual levantada del equipo de Labruna. Mientras sirva para ganar, la escuchamos un millón de veces. Y no se crea que esto es cosa de países subdesarrollados. En Francia 98, el capitán de la selección anfitriona Laurent Blanc siempre besaba la cabeza calva del portero Fabien Barthez. En ese mismo vestuario se hizo costumbre escuchar “I Will Survive” de Gloria Gaynor y los resultados están a la vista. Finalmente se trata de atraer la buena suerte. Pueden ser las canilleras de John Terry, del Chelsea, o la manía de Gennaro Gattuso de leer unas páginas de Dostoevsky antes de los partidos.

No es bien visto reconocerlas. Las cábalas son un asunto para supersticiosos y charlatanes. El fútbol es el trabajo de la semana, la planificación del técnico y lo que sucede en 90 minutos de juego…o en el tiempo extra, como cuando el arquero Goycochea orinaba en el centro del campo, rodeado de sus compañeros para no ser visto, antes de la ronda de penales en Italia 90 y en la Copa América de 1993.

Aunque parezca un contrasentido, hay quienes sostienen que tener cábalas trae mala suerte. Otros dicen que siempre será mejor no asumirlas y que si se divulgan dejan de tener ese poder milagroso. Si se trata de sacar un buen resultado esta tarde en Quito yo no dejaría nada al azar, aunque decir esto parezca un juego de palabras. Ah, ¿quién era el hombre del calcetín? Claro, cómo no. Pancho Ugarte. Se acuerdan de Condorito. Gran jugador. ¿Lo habrá usado realmente?

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