28 minutos

Fueron 28 minutos en los que el recuerdo de Bielsa, las bromas con la parrilla y el fantasma de Sampaoli ni se aparecieron en el Estadio Nacional

Por Francisco Sagredo

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Anoche, en los primeros 28 minutos de la derrota ante Argentina, tercer revés consecutivo en el camino a Brasil 2014, Chile mostró la cara que el medio futbolístico le exige a esta generación rica en buenos jugadores: protagonismo, vértigo, agresividad por las bandas, dinámica y presencia en el área rival.

Fueron 28 minutos en los que el recuerdo de Bielsa, las bromas con la parrilla y el fantasma de Sampaoli ni se aparecieron en el Estadio Nacional. Casi media hora de partido con una Roja que pareció “trabajada”, con una propuesta colectiva y no sólo apostando a una iluminación personal como ha sido la tónica del proceso.

Todo bien hasta el minuto 28, cuando Messi nos devolvió al complicado presente de Borghi. Ni hablar dos minutos después, cuando Higuaín mostró la potencia y calidad que lo tienen instalado hace años en la galaxia del Madrid.

En ese primer tiempo el gol rondó en el arco de Romero. Lo tuvo Pinto, luego Isla, después González, Pinto de nuevo y Medel al final de la primera fracción. ¿Responsabilidad de Borghi la falta de finiquito en ese primer tiempo? No.

¿Es culpa del Bichi que iniciando el complemento Pinto desperdiciara un cabezazo en área chica para reabrir el partido? Tampoco.

Al final otra derrota, otra fecha sin sumar y el descenso, en apenas tres partidos, desde el liderato de la tabla a un sexto lugar que nos dejaría sin ticket a Brasil.

A pesar de la frustración de la derrota y la caída libre en la clasificación, anoche, los mismos que visten de negro por Bielsa, que exigían a Herrera antes de ver a Pinto y juran que con Sampaoli se va a ganar la final del Mundial, no aparecieron tras el último pitazo del discreto juez paraguayo. ¿Por qué? Simple, tras mucho rato, por fin, Chile jugó a algo, mostró un boceto de equipo y avanzó, era lo mínimo, en relación a lo muy pobre que se venía mostrando. Es más, terminado el primer tiempo y luego el partido, las cuarenta mil personas que llegaron a Ñuñoa no pifiaron y menos cayeron en los “olé” de la derrota ante Paraguay el 2007. Hubo aplausos, incluso.

Parece increíble, pero justo cuando la galería tenía lista la guillotina sobre la cabeza de Borghi, esta tercera derrota consecutiva no sirvió para profundizar las críticas por el trabajo de este cuerpo técnico en Juan Pinto Durán.

Sin embargo la “sensación positiva” ante Argentina no sólo no basta, sino que no puede servir de consuelo. Se supone que la selección chilena, tras el positivo proceso de Bielsa, dejó de lado los triunfos morales, las derrotas dignas y las despedidas con la frente en alto. No señores, ya no basta con jugar como nunca para perder como siempre. Hoy, se supone, Chile está para ser protagonista, para pelear y como mínimo clasificar a la Copa del Mundo.

Según lo que declaró Jaime Vera en la conferencia tras el partido ante Argentina, Claudio Borghi no renunciará, seguirá a cargo del plantel. ¿Lo apoyará la Anfp? Está dividida la cosa. Varios miembros del directorio no están conformes con lo que ha hecho el técnico tras un año y ocho meses a cargo de la Roja. Sergio Jadue es el principal respaldo del Bichi en Quilín, pero ese respaldo no es para nada unánime.

Para aquellos que exigen la salida inmediata del técnico, una estadística decidora: desde que se juega el sistema de todos contra todos en Sudamérica, en total, contando todas las selecciones, 22 veces se ha cambiado de técnico. ¿Los resultados? Apenas seis de esos 22 han conseguido clasificar al Mundial.

La pelota está en manos de la Anfp. Si cambian debe ser ahora, cuando restan cinco meses para el regreso de las eliminatorias en marzo (Perú en Lima y Uruguay en Santiago) y no se pueden equivocar en el nombre del reemplazante. Nada de inventos ni técnicos que no conozcan el medio; no hay tiempo para adaptaciones. La carta debe estar en Chile y me parece que sólo hay dos candidatos: Jorge Sampaoli y Eduardo Berrizzo.

En caso de darle continuidad al proceso de Borghi, se acabó el margen de error. Basta de hacerse la víctima, ver enemigos en todas partes y dedicarse a pelear con técnicos y periodistas en vez de hacer la pega. Llegó la hora de que el trabajo que se hace en Pinto Durán, malo o bueno, mucho o poco, se empiece a notar en la cancha, tal como ocurrió en esos esperanzadores primeros 28 minutos contra Argentina. Pero ojo: con 28 minutos rescatables no alcanza para clasificar al Mundial…

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