Combate a tres rounds

Esta es una historia noventera. En Villarrica, Martín Vargas se estaba ganando unos pesos como "banderero" en plena ruta.

Por Carlos Costas

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Esta es una historia noventera. Me habían mandado a cubrir el triatlón de Pucón y viajaba junto al fotógrafo del diario cuando, un poco antes de llegar a Villarrica, el chofer nos advierte que hay trabajos en el camino y que le habían “soplado” que Martín Vargas se estaba ganando unos pesos como “banderero” en plena ruta. En segundos me pasé la media película. Imaginé la foto del campeón junto a los demás obreros. Un título como… “Pega Martín, pega en la carretera” y con la nota en el bolsillo sólo era cosa de llamar al jefe a Santiago, ofrecer la historia y esa edición de lunes del suplemento deportivo tendría algo más que los fichajes de comienzo de temporada y el relleno al que nos obligaban los fines de semana de verano, sin fútbol.

Era para felicitarme, pero todo lo que imaginé nunca pasó. Vargas no apareció. Hasta el día de hoy ignoro si realmente trabajó en eso, si lo confundieron con alguien parecido, o si todo lo que nos contaron era puro invento. Tampoco era tan descabellado imaginar una escena como esa. Hace una semana, el cronista colombiano Alberto Salcedo comentaba en la Revista El Sábado que “el boxeo es una cantera de historias”.  Esto a propósito del lanzamiento de uno de sus libros en nuestro país. Decía Salcedo: “En el boxeo la derrota es intransferible, en el fútbol se divide entre once.

En el boxeo tú no dices perdimos. Además es el único deporte en el que no se utiliza el verbo jugar. Juegas tenis, juegas fútbol, juegas béisbol, pero no juegas a boxear. El boxeo es una metáfora de la lucha del hombre por la supervivencia”. Salcedo habla con propiedad. Nunca se subió a un ring, pero acaba de presentar en Chile su libro sobre Kid Pambelé, el primer colombiano campeón mundial de boxeo y protagonista de una vida de novela. Como en la literatura, la música también nos regala notables ejemplos de canciones asociadas a boxeadores, con esa espiral inevitable de triunfos y fracasos que los va marcando dentro y fuera del cuadrilátero. ¡Fuera los seconds! Estas son tres indispensables:

1.- LEON GIECO: Cachito, Campeón de Corrientes: Obra maestra. La canción es en realidad un chamamé, uno de los géneros del folclore trasandino. León Gieco la graba en 1978, para su disco 4, y la populariza a través de una vibrante y emotiva interpretación. Cachito, ese correntino saltarín -que en el relato- mostraba su inocencia y se preguntaba por su madre y por todos en el barrio, mientras recibía duro castigo del rival, tiene nombre y apellido. Se llama Juan Mario Díaz. Hoy vive en Merlo y tiene 73 años. Ganó 8 combates, perdió 21 y se retiró en 1975. Dijo en alguna oportunidad que siempre que escucha la canción “se me hierve la sangre” y aún recuerda la emoción que le provocó oírla por primera vez. El historial de Cachito consigna una pelea en Santiago en abril de 1966, combate que perdió ante el nacional Luis Zúñiga.

2.- BOB DYLAN. Hurricane: Esta canción está inspirada en la historia del boxeador de raza negra Rubin Hurricane Carter, quien fue condenado a cadena perpetua por un crimen que no cometió. El caso se hizo público gracias al tema que Dylan grabó en 1975 denunciando esa injusticia. Carter recuperó la libertad 10 años después y su historia fue llevada al cine en 1999. El actor Denzel Washington interpretó su rol y fue nominado al Oscar. Cuando salió de prisión, Huracán dedicó su vida a combatir la discriminación y las injusticias. Hasta 2005 presidió la Asociación para la defensa de los condenados injustamente (ADWC, siglas en inglés) y sigue dictando charlas en todo el mundo. Vive en Ontario, Canadá, y tiene dos doctorados honoríficos en leyes. El tema de Bob Dylan dura 8 minutos y así remata: “Esa es la historia del Huracán, pero no estará todo terminado hasta que limpien su nombre, y le devuelvan el tiempo perdido. Lo ponen en una celda de prisión aunque una vez fue el campeón del mundo”.

3.- PETINELLIS. Un Hombre Muerto en el Ring: También inspirado en un hecho de la vida real, esta historia es la que tiene el final más triste de todos. David Ellis nunca fue un boxeador de muchos triunfos. Nació en la población La Pincoya y se comió palizas memorables como la que le dio, en Argentina, Jorge Locomotora Castro, quien lo noqueó en el primer round. Porfiado, Ellis no se bajó del ring  hasta que llegó esa fatídica noche de diciembre de 1991, en el gimnasio municipal de Coihaique. Su rival fue Abdenago Jofré y lo que estaba en disputa era el título nacional de los medianos ligeros. Según sus amigos, lo hizo por una recompensa de 130 mil pesos que gastaría en regalos de Navidad para sus hijos. Recibió duro castigo, perdió, pero salió caminando por sus propios medios. A las horas se sintió mal, fue internado en el hospital local y 20 días después falleció en el Instituto de Neurocirugía de Santiago. Los médicos no pudieron revertir el estado de muerte cerebral. La canción de Alvaro Henríquez es un epitafio y una de las grandes canciones de Petinellis.

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