El elefante y el burro

¡Qué manera de hacerle daño al fútbol! Si pareciera que un número importante de los protagonistas del medio local está complotado para dispararse en los pies.

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¡Qué manera de hacerle daño al fútbol! Si pareciera que un número importante de los protagonistas del medio local está complotado para dispararse en los pies, ensuciar la actividad que le da de comer y actuar pensando sólo en sus intereses individuales, jamás en los del fútbol en general y a veces, ni siquiera, en los de su club, compañeros o camiseta.

Cada uno tira el mantel sin contemplaciones hacia su lado; parece no importar que se caiga todo, que el caos sea total. Justo hace dos años, en noviembre del 2010, pasó exactamente lo mismo cuando la Anfp se desangró internamente en la elección que significó la derrota de Harold Mayne-Nicholls. Aquella vez ambos bandos, “harolistas” y opositores, no pensaron en el bien del fútbol chileno, sólo en su interés particular. No hubo diálogo, ni mirada global ni mucho menos grandeza. Sólo ambición, majaderas inhabilitaciones y cero auto crítica. Así nos fue. Así estamos hoy.

Los últimos diez días han sido una vergüenza adentro y, especialmente, afuera de la cancha. La selección nacional se encuentra en una crisis preocupante. El equipo no responde (más allá de la mejoría ante Argentina), hace rato que no suma en la tabla y hoy estaríamos viendo Brasil 2014 por TV.

El plantel no para de apoyar al técnico ante las cámaras y micrófonos, el problema es que ese respaldo “irrestricto” lo muestra muy poco en donde importa de verdad: en el campo de juego. Caso sintomático el de Arturo Vidal, quien amenaza con “tirarse de un puente si se va Claudio Borghi”, pero en el Atahualpa de Quito trotó todo el partido con ese enfermante “pasito canchero del diez” y luego se hizo expulsar con un codazo infame y estúpido.

En Juan Pinto Durán las cosas no están mejor. El técnico vive una paranoia que lo tiene con el “Mal de Shakira”: Ciego, sordo y mudo. Cuando volvió a hablar, en esa lamentable conferencia de prensa repleta de garabatos, intentos de hacerse el vivo y nula autocrítica, Borghi mostró la típica confusión de los técnicos cuando se nublan y pierden el rumbo. Para el Bichi su trabajo ha sido muy bueno, la prensa lo quiere bajar por un tema personal y sus métodos están perfectos, no hay nada que cambiar a pesar de estar, hace un buen tiempo, decayendo en fondo futbolístico y posición en la tabla.

Tras el papelón de Borghi el viernes, la décimo cuarta fecha del Clausura nos regaló el Súperclásico del Monumental. Ahí, además de un entretenido partido, Colo Colo y la U nos entregaron un repertorio interminable de deslealtad, tontera, descontrol y poco profesionalismo en la previa, el desarrollo y el final. Desde el “rasquerío new rich” del BMW ofrecido por José Yuraszeck hasta el impresentable cantito de “la moda se acabó” de Omar Labruna frente a los periodistas, el tradicional duelo sirvió para hacer una muestra contundente de la podredumbre que parece apoderarse de muchos protagonistas de la pelotita por estos días.

Álvaro Ormeño por ejemplo. El lateral no sólo se aburrió de pegar y jugó gratis gracias a la impericia del árbitro Patricio Polic, sino que además se dio maña para complicar aún más el presente de la Selección dividiendo el camarín con unas desatinadas declaraciones tras el partido. ¿Qué se cree Ormeño? ¿Acaso piensa que su sorpresiva convocatoria a la Roja lo transforma en un referente? Por favor. Chao, no se lo puede llamar más utilizando el mismo argumento que tiene afuera a Johnny Herrera: tipos que dividen lejos del camarín nacional.

Al borde de la cancha también hubo show, pero del malo. ¿Hasta cuándo la histeria de Sampaoli y sus ayudantes? ¿Qué es eso de un cuerpo técnico agarrándose a los garabatos con un jugador rival? ¿Creen que están dirigiendo en una liga de barrio en Casilda todavía? ¿Hasta cuándo se van a seguir haciendo expulsar Desio, Becaccece y compañía? Un chiste. A propósito de Becaccece, para la risa sus dichos pospartido pidiendo a Enrique Osses. Parece que no han visto las imágenes de la banca azul protestando cada cobro en el primer tiempo de la final del Apertura. Ni hablar que en el semestre pasado, cuando la U le metió cinco al Cacique con el mismo Polic arbitrando, ahí no salió nadie pidiendo a Osses.

Para el final, lo peor, lo más bajo. Por si usted no sabe, Francisco Prieto, el hoy circunstancial arquero de Colo Colo, aún no tiene en su currículum al menos una (¡una!) temporada completa como titular en Pedrero. Es más, frente a los azules vivió jornadas vergonzosas que le costaron varios meses “congelado” en la bodega de los olvidados del plantel albo. El tipo trabajó, se ganó la confianza de Labruna y una expulsión de Renny Vega le devolvió el arco. ¿Qué pasó? Al primer triunfo importante del año se “le soltó la cadena”, se olvidó que es un futbolista profesional y se comportó como un jugador de liga amateur regalándole un “elefante” a la hinchada rival. Ahí se armó la grande que sirvió para confirmar que Luis Mena es un caballero, José Rojas un buen tipo y Johnny Herrera un termocéfalo.

Da pena, pero así está hoy el fútbol nuestro: poca autocrítica, mucha falta de respeto, histeria al por mayor, abundante declaración vende humo para la galería y mucha ordinariez. ¿Sabe por qué? Todos parecen pensar sólo en el interés propio, en lo conveniente para su metro cuadrado, sin cuidar el bien mayor, el más importante: el fútbol chileno.

Son días de fábulas tristes en nuestro fútbol. Fábulas repletas de burros y elefantes.

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