Maratón anti democratico

El peligro de transformarse en un evento sólo local es inminente, tanto o más que las amenazas de Sandy.

Por Soledad Bacarreza

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Gracias al huracán Sandy, muchos están hoy preguntándose si efectivamente habrá versión 2012 del maratón de Nueva York. Carrera emblemática para los trotadores -muchos la eligen como su primer maratón-  donde se le ofrece al runner el combo más atractivo del mercado deportivo: correr por una de las ciudades más famosas del mundo, y aprovechar unos días en la siempre apetecible Gran Manzana.

Pero si Sandy parece ser una gran amenaza para la versión 2012, mucho más lo son las nuevas medidas que se adoptarán  a partir del 2013 en cuanto a inscripciones, sorteos, derecho a dorsales vitalicios. Año a año la demografía de la carrera aumenta de manera sostenida, el ancho de las calles no da, y se ha hecho necesario restringir el acceso al evento, que se acerca rápidamente a las 40 mil personas. Claro que en tal ejercicio, los perjudicados son, como no,  los extranjeros.

El primer gran endurecimiento de las reglas son las marcas mínimas: si usted corre en más de 3.46 horas, vaya doblando su entrenamiento: esa es la marca máxima que se aceptará, y para categoría 70-74 años. Si usted tiene entre 40 y 44, una edad en que muchos se inician en el trote al ver el comienzo de la segunda mitad,  ármese de valor para llegar a las 2:45. Veinte minutos menos que la marca exigida para el año en curso. Para las damas estará más duro todavía: entre los 40 y 44 serán 3 horas 10 minutos, misma marca mínima de los varones año 2012. Y así, en todas las categorías.

Quienes no son estadounidenses, no lograron bajar de los registros exigidos y carecen de contactos o influencias, deben participar de un sorteo al cual se accede pagando 11 dólares. Sólo si sale elegido paga su inscripción. Pocas plazas para no residentes en Estados Unidos, y la eliminación da la preferencia para aquellos que no han sido sorteados en tres oportunidades anteriores, reducen cada vez más las opciones. Tampoco le servirá a alguien, a partir del 2015, haber corrido 15 o más maratones. Sólo quienes hayan marcado historia podrán entrar por esta vía. Los nuevos clásicos, demasiados ya, deberán sortearse como todo el resto.

La desigualdad de condiciones para acceder al maratón de NY se asoma, claro está, a la hora de comprobar quienes tienen su lugar asegurado. Como era de esperar, no se verá afectado ninguno de los miembros del club organizador, el New York Road Runners Club. El programa de dorsales garantizados para quienes sean miembros, hayan corrido 9 maratones y servido de voluntario al menos en una –el conocido 9+1- no será alterado. Los cupos para sus socios no se tocarán, y serán ellos los grandes  beneficiados con respecto a los “extranjeros”, obligados a recurrir a los Tour Operadores que venden el paquete completo: pasaje, estadía e inscripción. ¿Huele a negocio, a actitud poco deportiva? Sin duda, antidemocráticamente parcial. Donde sólo algunos ganan en directa proporción con el desembolso de otros.

La baja en las marcas mínimas para el próximo año debiera por si sola poner un freno a las inscripciones, considerando que el margen de reducción es dramáticamente significativo. ¿Pero era necesario aplicar además el recorte del sorteo?  La tozudez de mantener el medio maratón en el programa de una carrera donde ya no cabe –son cada vez más los que quieren completar los 42 kilómetros más que los 21- ha hecho que estas medidas sólo perjudiquen, y no premien, a quienes se atreven con el maratón. El peligro de transformarse en un evento sólo local es inminente, tanto o más que las amenazas de Sandy.

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