Un equipo para todos los tiempos

Colo Colo 1973 cautivó a una generación por la calidad de sus jugadores y por el momento histórico que le tocó vivir.

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Es un tópico decir que la historia la escriben los vencedores. En fútbol, Holanda 1974 y Brasil 1982 no ganaron la Copa del Mundo en Alemania Federal y España, respectivamente, pero se instalaron en la leyenda por el sello que le imprimieron a su juego. En Chile sucede lo mismo con Colo Colo 1973 y por eso que no debe extrañar que casi 40 años después el lanzamiento del libro que relata su hazaña haya tenido la sala colmada en la Estación Mapocho, con más de medio centenar de personas de pie, ni que se hayan formado largas filas para conseguir los autógrafos de los jugadores.

El público atravesaba las generaciones, gente de la tercera edad, adultos, jóvenes y niños que repetían: “Crecí escuchando de Colo Colo 1973”. “Mi abuelo y mi padre me hablaban de ese equipo”. “Se lo regalaré a mi suegro”.

Colo Colo 1973 cautivó a una generación por la calidad de sus jugadores y por el momento histórico que le tocó vivir, donde constituyó un ejemplo de unidad en medio de un país absolutamente polarizado por la política. La hipótesis, recogida en el país y en el extranjero por tesistas y documentalistas, sostiene que retrasó el golpe de Estado por las multitudes que acudían a sus partidos, incluso en días de paro de transporte y huelgas prolongadas.

En un libro vivencial que da cuenta de imágenes que no se han repetido como el cambio de guardia del palacio de La Moneda con el Orfeón de Carabineros interpretando el himno de Colo Colo, que aclamaban los transeúntes. Con los obreros que cavaban las zanjas del futuro tren subterráneo en la Alameda y no perdían detalles de los partidos a través de televisores portátiles Antú de 12 pulgadas, en blanco y negro. En el Boulevard Huérfanos (entre Bandera y Estado en la calle de ese nombre) y en la Plaza de Armas bastaba que un par de hinchas empezara a golpear con las palmas y a decir “¡Colo Colo, Colo Colo!” y de inmediato se formaba una pequeña caravana que marchaba en procesión por las calles céntricas…

Luego de ser saqueado en las tres finales y con el triste récord de que le validaran un gol en contra en una jugada de rodeo, más apropiada para la medialuna de Rancagua que para una cancha de fútbol, Colo Colo quedó eliminado de la Copa Libertadores el 6 de junio. El 29 de junio se produjo el “tancazo” en que el Regimiento Blindado 2 se alzó contra el Gobierno. Al mes siguiente Colo Colo se vistió de rojo: tenía 11 jugadores en la selección que conquistó por única vez la Copa Carlos Dittborn contra Argentina. En agosto derrotó en la definición al mejor Perú de todos los tiempos, con Teófilo Cubillas y Hugo Sotil, y ganó la mitad del boleto al Mundial de Alemania Federal 1974. En septiembre, los militares y civiles impacientes ya no fueron contenidos por los asesores estadounidenses.

El texto contiene fútbol y periodismo, periodismo y fútbol. Se revelan detalles que nunca vieron la luz pública, está lleno de anécdotas y rinde un homenaje a quienes ya no están entre nosotros: Luis Álamos, Francisco Valdés, Sergio Messen y Elson Beyruth.

¡Cuánta emoción ver a Carlos Caszely, Adolfo Nef, Leonel Herrera, Manuel Rubilar, Alejandro Silva, Guillermo Páez, Luis Venegas (preparador físico) y Roberto Álamos (hijo del Zorro) firmar autógrafos una y otra vez! Como apuntó con humor Juan Cristóbal Guarello en la Feria del Libro, “me hizo recordar las colas de la Unidad Popular”.

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