La teleserie de la semana

Tufão. Este era el nombre de uno de los protagonistas de la teleserie que paralizó a Brasil hace un par de semanas con su capítulo final.

Por Carlos Costas

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Tufão. Este era el nombre de uno de los protagonistas de la teleserie que paralizó a Brasil hace un par de semanas con su capítulo final. La serie de la cadena Globo se llamaba “Avenida Brasil” y la historia giraba en torno a este ex futbolista, su familia, los amigos, el vecindario y los romances e intrigas propias del género. La clave de su éxito fue representar los modos, costumbres y aspiraciones de la “clase C”, la nueva clase media surgida en la última década como resultado del crecimiento económico del país y las políticas sociales de Lula. En el centro de la trama estaba la mansión de mal gusto y el estilo de vida de nuevos ricos del exitoso Tufão y su esposa Carminha, una ex prostituta con rasgos sicopáticos que lo traiciona y oculta su pasado.

Gracias a su carrera, este ex ídolo de Flamengo y de la selección brasileña se hizo millonario, sin embargo siguió viviendo en el ficticio barrio de Divino, en los suburbios de Río de Janeiro que es donde se desarrolla la acción y conviven diversos personajes entre el drama, el humor y actuaciones al nivel que acostumbran las series brasileras. Las telenovelas de las 9 de la noche son una religión en el país del samba, pero ésta rompió todas las marcas. Según mediciones de audiencia, el 70% de los hogares siguió la historia y ni siquiera la presidenta Dilma Rousseff escapó del fenómeno cuando decidió reprogramar un acto político para no coincidir con el final del culebrón.

Al leer sobre el éxito de esta telenovela, en un país donde el fútbol es parte del paisaje, fue inevitable traer a la memoria mis propios recuerdos futboleros en la pantalla chica. No me refiero a partidos memorables, ni a grandes transmisiones deportivas. Para eso está “Héroes del Fútbol”, qué gran programa de UCV Televisión. Con un vasto archivo, supongo que heredado de “Show de Goles”, este espacio es un festín para futboleros duros. Me acaban de sorprender hace días con un capítulo dedicado a grandes finales e imágenes de la definición entre Everton y Unión del año 76.

A lo que me refiero, en realidad, es a esos momentos en los que el fútbol se colaba de contrabando en otro tipo de programas, como lo que pasaba en el Jappening con Ja cuando, ocupando imágenes del Mundial de Argentina 78, hacían unos videos donde árbitros y jugadores eran ridiculizados con el básico recurso de avanzar y retroceder la imagen. Además le ponían alguna canción de fondo para que pareciera escena de baile y el chiste cerraba perfecto. Era un humor inocente. Una soberana pelotudez, pero qué más se podía pedir para una tarde de domingo, en invierno, mientras había que revisar las tareas, lustrar los zapatos y preparar el bolsón. Eso me hacía reír mucho. “El Troncal Negrete” es otro clásico de aquella época con Ronco Retes como don Fermín, el entrenador. El programa era un espejo de la realidad de los clubes deportivos y culturales de barrio, en un Chile mucho más pobre que el actual. Troncal Negrete jamás nunca…decía su himno. La camiseta era como la de River o la de la selección peruana. Tal vez un homenaje del humorista a su padre Eugenio Retes, actor nacido en Lima que hizo carrera en nuestro país y logró fama en el teatro y el cine con su personaje Juan Verdejo.

Más esporádicas, pero igual de hilarantes eran las rutinas de Mino Valdés y su alegre compañía, en el Festival de la Una, cuando muy de tarde en tarde los comediantes desplegaban su arsenal de chistes y tallas rápidas vestidos como futbolistas en un camarín. Brillaban en ese juego Daniel Vilches, Gilberto Guzmán, Ernesto Ruiz, el Tufo, y Eduardo Thompson, además de un actor negro que siempre era el brasileño del equipo.

Los programas nocturnos conducidos por Javier Miranda utilizaban los mundiales (recuerdo México 86 e Italia 90) como pretexto para conversar y fueron la antesala de estelares noventeros, tipo Viva el Lunes. Don Elías y Caszely participaron en las franjas del Sí y el No en el plebiscito del 88 y ya en democracia la pantalla alcanzó para todos. Juvenal Olmos en un concurso de baile y el desfile del Coca Mendoza, Nelson Tapia, Kike Acuña, Manuel Neira y Francisco Huaiquipán como jugadores que pasaron por los famosos y populares reality shows.

Borghi fue el señor Barriga en un sketch de la Teletón, Peter Veneno una ácida parodia de los clichés de Zamorano y Stefan Kramer tiene en su amplia galería de imitaciones una versión del Mago Valdivia con la que se promociona una multitienda.

Pero volvamos al punto inicial: las teleseries. En 1994, TVN aprovechó el boom de la Sub 17 de Japón para estrenar “Rompecorazón”. Aplico poder de síntesis: Elías Figueroa descubre a Renato (estudiante interpretado por Felipe Braun) y lo ayuda a integrarse a la juvenil de Colo Colo donde comparte con Frank Lobos, Héctor Tapia, Manuel Neira y el olvidado Esteban Mancilla. En 2002, Canal 13 se la jugó por “Buen Partido” y la sintonía no acompañó. Contaba la historia de amor entre un árbitro (Gonzalo Robles) y una matrona (Berta Lasala) casada con el presidente de la federación de árbitros y por cierto gran enemigo del protagonista. También aparecían un par de sobrinos buenos para la pelota que probaban suerte en un equipo de la capital, pero así y todo el público no enganchó. Es que en realidad debe ser difícil vender una telenovela de intrigas y amoríos de un personaje tan odiado como el árbitro. Un poco más de malicia en el argumento podría haber hecho la diferencia. Tal vez una red de apuestas, algo de alcohol y un club de póker hubieran mejorado esa teleserie protagonizada por un árbitro.

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