Adiós al Galgo

Don William era un sobreviviente, me contó que andaba con un marcapaso, que tenía seis bypass, que en octubre de 2005 lo había atropellado una micro amarilla... De todo se había recuperado.

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Siempre busco a ex futbolistas, a veces me cuesta dar con alguno de ellos. Sabía que William Marín, quien defendió el arco de Santiago Morning, Audax Italiano e Iberia acudía al café Haiti del Paseo Ahumada, pero nunca coincidíamos. “Recién se fue”, “estuvo ayer”, me decían. Hasta que un mediodía de 2007 al caminar por la calle Moneda me topé casualmente con un señor alto. Reconocí de inmediato ese rostro de la portada de la vieja revista Estadio. “Usted es el Galgo”, lo saludé.

Conversamos una media hora y me pidió que postergara la nota que quería hacerle. Hacía poco había sufrido un infarto cerebral y le faltaba hacerse un electroencefalograma. Él sentía que había quedado con secuelas. Se hallaba muy bien, solamente que pensaba más lento. “En dos semanas más hacemos la entrevista”, me solicitó. Aproveché de actualizar su ficha. Nombre completo: William Jesús Marín Laurence. Fecha de nacimiento: 22 de abril de 1922. Estatura: 1,86  metros. Peso: 78 kilos. Por su delgadez lo habían bautizado Galgo.

Me habló de su enorme admiración por Sergio Livingstone, pero hizo hincapié en que Roberto Rojas lo había superado, en especial por su achique. Don William era un sobreviviente, me contó que andaba con un marcapaso, que tenía seis bypass, que en octubre de 2005 lo había atropellado una micro amarilla… De todo se había recuperado. Su único dolor era que su carrera en Santiago Morning se había asociado a la buena suerte, por los tiros en los palos. Incluso existía un dicho: “¡Tienes más suerte que William Marín!”. Lo consideraba muy injusto y todavía lo amargaba. Me relató que eso se había originado en un partido con Universidad de Chile. Un disparo hizo carambola en el travesaño y un reportero gráfico de la revista Estadio, Eugenio García, “er Mago de la lente”, había captado el momento justo. “Estadio publicó varias veces esa foto, siempre para tocar el tema de la fortuna”, se lamentó.

Le comenté que eso mismo le sucedió décadas después a Adán Godoy, también arquero de Santiago Morning, pero que en mis años de ver fútbol no conocía un golero con más suerte que José María Buljubasich, en Universidad Católica, con dos y hasta tres remates en los postes por partido. Me interrumpió aliviado y exclamó que era primera vez que escuchaba esa observación a un periodista. Dos años antes, Buljubasich había establecido el récord de 1.352 minutos con la valla invicta.

Hace unos meses, entrevisté a Adán Godoy, quien sacó a colación ese aspecto de la buena fortuna. Con el humor que lo caracteriza, Godoy se burlaba: “Los hinchas no se dan cuenta de que es mérito del arquero que la pelota pegue en el palo. Uno sale a achicar y cubre los espacios, entonces sólo queda que el balón se estrelle en los postes”.

Marín empezó su carrera a los 16 años y fue campeón en Santiago Morning 1942, con el astro Raúl Toro Julio -el ídolo de Cua Cuá Hormazábal y Leonel Sánchez- y compañero del argentino Salvador Nocetti, el Ruso, que dirigió la selección nacional en 1969.

En la despedida, Marín señaló las bondades de los grandes arqueros que vio: la prestancia de Sergio Livingstone, la reacción de Hernán Fernández, la seguridad de manos de Mario Ibáñez, el arrojo de Daniel Chirinos, la agilidad de Misael Escuti y resumió del Cóndor Rojas: “Atajaba en todos los rincones”.

El jueves pasado, William Marín falleció a los 90 años.

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