Columna de Guarello: "Sportivo Perder"

Son cinco derrotas al hilo las que encadenó Claudio Borghi. Así como no salió derrotado los siete primeros partidos, ahora sólo cosechó desastres.

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Gol de Serbia. / Agencia Uno.

Son cinco derrotas al hilo las que encadenó Claudio Borghi al mando de la selección chilena. Así como no salió derrotado los siete primeros partidos, ahora sólo cosechó desastres. Lo de Saint Gallen llegó a ser tautológico por lo mal que se vio el equipo. Hasta el primer gol era baile de Serbia. Luego nuestro rival esperó con dos líneas de cuatro bien paradas, aguantando los embistes ciegos y poco imaginativos de la Roja y saliendo rápido en el contragolpe. El retroceso de Chile no alcanzaba para recuperar posiciones y así anotaron el segundo y el tercero.

El naufragio fue total. En defensa la línea de tres demostró una vez más que no funciona en absoluto (Gonzalo Jara sumó otra jornada para el olvido, Osvaldo González perdió siempre). El fondo se vio desbordado, sin capacidad para aguantar el pressing serbio, dando mucho espacio para recibir y encarar… En el duelo de los volantes la envergadura física de los balcánicos aplastó a Iturra, Medel, Vidal y Beausejour. Los nombro a todos para que nadie suponga que el cuadro nacional actuó en inferioridad numérica en ese sector. Se paraban mejor, salían por los costados y anticipaban siempre. Arriba vimos navegar desconectados a Alexis Sánchez y Eduardo Vargas.

Cuando entró Ángelo Henríquez hubo más peso porque el hombre del Manchester United apuró a los centrales y hasta se matriculó con un gol cuando ya estaba todo definido. Más allá de esto, no hubo demasiado peligro para el meta Brkic. De postre, Arturo Vidal se hace expulsar una vez más, en esta ocasión por un golpe descarado, de barrio (en Juventus nunca lo haría).

Los últimos minutos no deberían ni ser analizados. Con diez cambios sobre la cancha, el partido se desdibujó completamente, lo que allí ocurrió no tiene más trascendencia que el fútbol tenis del viernes por la tarde en Juan Pinto Durán.

El resumen es corto y malo: Chile se acostumbró a perder, en la banca no hay respuestas ni variantes, lo de Argentina fue un golpe anímico que no cambia el fondo y además no se puede seguir robando con esos 30 minutos iniciales en el Estadio Nacional. Al final, Borghi no aguantó la presión.

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