¿Qué pasa?

¿Se acabaron los entrenadores en Chile? Creo que el principal responsable de esto es el Inaf.

Por Juan Cristóbal Guarello

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El último entrenador chileno realmente importante es Manuel Pellegrini. Entendemos por importante no sólo la sumatoria de éxitos en la cancha o su currículo, sino que también la coherencia del discurso, la escuela a la que representa, los valores que entrega. Resulta que Pellegrini comenzó a trabajar como técnico hace 24 años…

¿Nadie más ha salido desde entonces? Amagues tan sólo: Juvenal Olmos que se malogró luego, la promesa de José Luis Sierra, la sensación que proyecta por momentos Fernando Vergara. Nada muy concreto. Hay otros, como Ivo Basay y Marco Antonio Figueroa, cuya estridencia de discurso y la patina de agresividad que cargan superan con largueza los logros en la cancha. Rescato la prudencia de Fernando Díaz y Jorge Pellicer, pero son trabajadores del ámbito local, de cabotaje. Arturo Salah, Fernando Carvallo o José Sulantay quedan fuera de este debate, fueron formados en los ochenta, no responden al modelo de hoy.

¿Y Claudio Borghi? Sacándole el último y estruendoso naufragio en la Selección su carrera exhibía más logros que fracasos. Sin embargo, desde mi modesto punto de vista, Borghi es un entrenador argentino. El caso de Nelson Acosta es lo mismo, uruguayo y de la vieja escuela.

¿Qué pasa? ¿Se acabaron los entrenadores en Chile? Creo que el principal responsable de esto es el Inaf. Tiene el monopolio de la formación y se lo ha tomado en serio, pero los resultados son pobres y hay que replantear todo. El problema estriba en que los egresados tienden a la homogeneidad. Es decir, no responden a distintas escuelas y ni son continuadores de sus maestros.

Algunos son más ofensivos (Sierra), otros más conservadores (Musrri), pragmáticos (Marcoleta)… Pero nunca asumiendo un discurso claro dentro y fuera de la cancha, jugándose por una idea específica. Todo es más o menos, se nota una falta de convicciones y, de existir estas, son guardadas celosamente para no herir a nadie.

El técnico chileno actual vive tensionado, con miedo a ser, temiendo cualquier cosa, especialmente molestar a alguien si vuela con alas propias. Es un funcionario y no creador. Como si le prohibieran nutrirse del medioambiente. ¿Cómo en los cuatro años que estuvo en Chile Marcelo Bielsa no dejó un imitador? Malo, bueno, al pedo, pero por lo menos te matizaba el panorama.

Antes, para bien o mal, los entrenadores respondían a escuelas. Trataban de replicar el fútbol que habían aprendido en sus épocas de jugadores. Así es como Fernando Riera, Luis Álamos e incluso, para bien o mal, Luis Santibáñez dejaban una impronta.  Un partido entre Álamos y Santibáñez era un ajedrez interesante.

Entonces teníamos un fútbol con matices y rico. Hoy los técnicos chilenos parecen robots programados para disculparse. Esto lo digo con mucho respeto por ellos y con el objetivo de mejorar su situación. No puede ser que los tres equipos llamados grandes tengan extranjeros en la banca porque en Chile ya no hay con que llenar esos sitiales. Lo mismo la selección: primero Sampaoli, segundo Martino, tercero Berizzo…

Urge que haya otras instancias de enseñanza, al menos una, paralelas al Inaf. Si esto sigue así, con el tiempo nos quedaremos sin entrenadores chilenos dirigiendo en Primera, así de simple. Si Manuel Pellegrini hubiese sido un producto del Instituto Nacional del Fútbol, en vez de un alumno aventajado de Fernando Riera, hoy no estaría dirigiendo en España. Seguramente habría largado el fútbol y sería un ingeniero a tiempo completo.

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