Cuatro años más

Nadie quiso tomar el relevo de Neven Ilic o nadie se sintió preparado para poner el pecho a las balas.

Por Soledad Bacarreza

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Con las elecciones de ayer en el Comité Olímpico Chileno (Coch) se le dio continuidad a un proyecto que, por su naturaleza ambiciosa en todos los sentidos, necesitaba claramente más de dos períodos para afianzarse. O al menos un presidente que en el tercer mandato estuviera en sintonía con los logros y las falencias de los 8 años anteriores.

La cuestión es que ni siquiera fue necesario analizar la posibilidad de ordenar la casa y dejarla lista para los nuevos moradores: nadie quiso tomar el relevo de Neven Ilic. O nadie se sintió preparado para poner el pecho a las balas en un puesto que por historia, en este país, es caldo de cultivo de críticas y envidias. El asunto se zanjó con una votación previa para cambiar los estatutos y permitir a Ilic continuar un tercer período. Mayoría absoluta de las federaciones y cada uno de vuelta a lo suyo. Porque las tareas para los siguientes cuatro años no son menores.

Partiendo por las urgencias: Santiago 2014, un compromiso suramericano que estuvo a punto de derrumbarse con el F27. Después de justificadas dudas se mantuvo la sede y ahora, a 16 meses de la inauguración, el desafío sigue siendo la infraestructura y el franquear las trabas burocráticas para liberar las platas. Estamos atrasados, un mal que afecta a casi todas las sedes de grandes citas deportivas, con la excepción de Londres 2012, lo que de paso le dio bonos estratosféricos a Sebastian Coe, hoy presidente del Comité Olímpico inglés. El velódromo de Peñalolen se presenta titánico frente a la escasez de tiempo, lo mismo el complejo acuático. Por lo tanto las primeras fichas de la continuidad deben ir a acelerar las obras, labores que van amarradas con el IND.

Siguiendo con las medallas: el éxito deportivo de un país, aquí y en la quebrada del ají, siempre será medido por las medallas. La gran mayoría de los chilenos sigue convencido que Londres 2012 fue un fracaso para nuestra delegación. Dos cuartos lugares, otras dos finales y 11 puntos en la tabla se desvanecen a la hora de contar un metal que sólo se rozó. Sigue el público –la gran mayoría- creyendo que el oro en los Paralímpicos de Cristián Valenzuela le llegó sólo por su esfuerzo personal, sin considerar el apoyo económico estatal que recibió. Por eso, porque es imposible convencer al respetable que hay otras formas de lograr avances distintas a las medallas, es que los próximos cuatro años deben enfocarse precisamente, en ganar estas preseas: en Santiago 2014, en los torneos más importantes de cada deporte y terminar con un buen premio en Río 2016. Que no es menos que un podio olímpico. Única manera de que el público valide una gestión deportiva.

Pero sin duda alguna, la más difícil de las misiones es la descentralización. Todo el sistema funcionando sólo en la capital obliga al desarraigo temprano de los deportistas, a dejar sus hogares y lanzarse al alto rendimiento sin el apoyo físico de la familia. Doble tarea para una actividad por definición estresante. En la pasada además debe perderse gran número de talentos, porque no son capaces de emigrar y dar el salto o porque no se llega a ellos con competencias que los exijan y revelen su nivel. La geografía chilena tampoco ayuda: los traslados son interminables y caros, un punto que no tiene solución. ¿Grandes centros de deportes específicos en regiones determinadas? El desarrollo deportivo estratégico asoma como una forma de sacarle protagonismo a la capital, pero también va de la mano con profesionales que estén dispuestos a asumir el desafío. Profesionales que, en general, también ya se trasladaron Santiago en busca de perfeccionamiento. Linda es la frase “a lo largo de todo Chile”, pero nos atornilla al revés a la hora de pensar en desarrollar cualquier liga potente, constante o buscar talentos enterrados en el desierto.

Cuatro años más. Lo justo y necesario. Período similar al del presidente del COI. Tiempo suficiente para desarrollar una forma de trabajo y obtener dividendos inéditos desde la era profesional. Y para preparar la sucesión. Otro punto que la actual directiva tiene muy claro que debe trabajar si no quiere verse obligada a tomar el mismo camino de otros dirigentes, primero por necesidad y luego por poder, que siguen por décadas clavados en sus asientos.

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