Columna de Guarello: "Cosas que pasan"

Linares, en caso de que ascienda a Primera B, debe pagar mil 200 millones de pesos a la ANFP.

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Linares tendrá que pagar un millonario monto si concreta su ascenso a Primera B

Perdió Linares la primera final que junta a los ganadores de la Segunda División Profesional y la Tercera División. 2-1 se impuso Copiapó en la ciudad de la Séptima Región. Ahora sólo le queda asegurar de local a la Sociedad Anónima del empresario Felipe Muñoz para volver a la B.

Tal vez la derrota de local sea una buena noticia para Linares, porque si cometía el pecado de ascender debía abonarle a la Anfp nada menos que 1.200.000.000 de pesos. No leyó mal, no hay una coma mal puesta, no se me quedó pegado el dedo en la tecla que marca el cero, son 1.200 millones de pesos, 2,5 millones de dólares. Usted pensará: “Estamos todos locos. Esto tiene que estar equivocado. No hay lógica que sustente tal cifra”. Es así, esta obligación es un despropósito absoluto pero está en el reglamento ¿Y qué pasa con Copiapó? La Anfp le debe unos dineros de la indemnización de cuando bajaron a la Segunda División Profesional (25.000 UF) y por lo tanto están exentos del pago.

A ver. Paremos un poco. Linares por hacer su trabajo y cumplir el objetivo básico del deporte: ganar, debe pagar un cuota monstruosa. Copiapó, el año anterior, por hacer mal su trabajo y descender, es indemnizado de manera millonaria. Suma y resta: ¡En el fútbol chileno el que gana debe pagar y el que pierde es premiado! Un absurdo total.

¿Por qué ocurre esto? Porque los clubes profesionales, Primera A y B, no quieren soltar la teta del CDF. El problema es que hay equipos en divisiones más abajo que pueden meterse en cualquier momento. No se puede prohibir el ascenso desde Tercera, la Fifa no lo permitiría, ya que la Tercera pertenece a la Federación y por tanto a la Fifa. Entonces los agudos de Quilín inventaron un doble blindaje:

A)    Por un lado la Segunda División Profesional, que significó un colchón entre la B y la Tercera constituida por clubes “amigos” y filiales de los grandes. Los resultados deportivos y organizativos de este invento son explícitos: un desastre. Además, vulneró el reglamento de la Federación de Fútbol de Chile que no permite la creación de divisiones intermedias.

B)    El segundo blindaje es la “cuota de incorporación”, que asciende a 1.200.000.000 pesos. Cifra impagable para cualquiera de las instituciones que dignamente se mueven en la Tercera División. Como el costo de subir a la B es prohibitivo, se evita que estos clubes se metan en las divisiones rentadas y mantienen un círculo cerrado de Sociedades Anónimas (empresarios) bebiendo eternamente la leche del pezón televisivo.

No hace falta señalar la injusticia y lo absurdo de todo esto, pero el daño no termina ahí, se proyecta hacia lo deportivo e incluso a lo social. En lo deportivo empobrece el nivel de las divisiones más bajas, porque las instituciones saben que no vale la pena invertir en ascender, total, no hay cómo pagar ese “peaje” infame.

En lo social es más grave, excluye a un montón de localidades que tienen clubes antiguos, casi centenarios, y que en algún momento jugaron en Segunda y hasta en Primera División. Con esta medida miserable e injusta, que se olviden del fútbol profesional Valdivia, Ovalle, Linares, Angol (Malleco), San Antonio, Los Andes (Trasandino), Cauquenes (Independiente), San Fernando (Colchagua), entre otros. Equipos con linaje e historia, al que un grupo de empresarios ambiciosos, algunos recién llegados a la actividad, pretenden tenerlos sumergidos para siempre.

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