El cansino Vecchio

A Vecchio la comparación con Bochini le debe parecer un tremendo honor. Pero no es gratuita.

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De lejos no parece jugador profesional de fútbol. Medio encorvado, me recuerda al pintor Ignacio Gumucio, de andar cansino, un poco excedido de peso. Con el bandoneón en la mano sería un perfecto cantor de tangos. Y con la guitarra alguien diría que se parece a Agustín Lara. La contrafigura de Didier Drogba, Zlatan Ibrahimovic o Cristiano Ronaldo, puro nervio, velocidad, músculos… Parece sacado de otra era, en la que las cosas se hacían con más calma y había tiempo para fumarse un pucho en la ventana o tomarse un café en la esquina.

Hoy el fútbol exige atletas, Emiliano Vecchio está muy lejos de serlo. No es que no corra (el domingo le metió un pique de 50 metros a Luis Mena a los 77 minutos), pero lo suyo no pasa por ahí. Está muy lejos del ritmo, la presión, el pressing y el vértigo que tanto se celebra en la actualidad.

Vecchio es un jugador que perfectamente pudo estar en el San Lorenzo en 1946 (con Farro, Martino y Pontoni) o el de River de 1976 (López, Alonso, Mas) porque lo suyo es la pelota bien jugada, el pase justo, la gambeta corta, esa que parece en cámara lenta, pero que resulta porque tiene la elaboración del orfebre. Es todo lo contrario a la gambeta de Alexis Sánchez o Cristiano Ronaldo, dramática, espectacular, explosiva. Emiliano tiene el vicio de la precisión absoluta: el pase no sólo va dirigido exactamente donde él quiere, sino que además la pelota debe dar sólo los giros necesarios para detenerse en el botín del compañero, ni un centímetro más.

Tal vez por esa razón su paso por España se limitó al Fuenlabrada y Rayo Majadahonda de la gloriosa Tercera División (sería la Cuarta División en Chile). En la liga hispana se acepta una polilla loca como Lucas Wilchez que corre los 90 minutos (pero no tiene idea para dónde va), antes que un jugador como el Gordo Vecchio que apenas corre pero sabe siempre dónde está parado.

¿Cómo explicarles a los hinchas europeos un futbolista que no tiene las calugas marcadas o no se tira al piso en cada jugada? En la actualidad esos atributos son obligatorios. Viéndolo jugar uno se pregunta si podría triunfar en la Premier League o en Italia. Muchos argumentarán que el balón le pasaría por arriba de la cabeza, de un lado para otro, sin intervenir jamás. La misma pregunta se hicieron siempre en Argentina con Ricardo Enrique Bochini.

El Bocha prefirió vivir y morir en Independiente de Avellaneda (levantando la Copa Libertadores cinco veces en el intertanto), sin que ojos de otras latitudes pudieran ver su calidad. El veredicto fue implacable en su momento: “No tiene velocidad para Europa”. Pero, la única vez que jugó de manera competitiva ahí, Intercontinental de 1973, le metió un golazo a Juventus en Turín a punta de paredes con Ricardo Bertoni (que sí tuvo buena campaña en Italia).

A Vecchio la comparación con Bochini le debe parecer un tremendo honor. Pero no es gratuita. Tiene varias “cositas” del astro de Independiente. Pero más allá de eso, y como lo comprobamos el domingo en el Monumental cuando dio un concierto a toda orquesta, Emiliano Vecchio es un tremendo jugador de fútbol. No ganará con la pinta o la presencia (parece extra de película de mafiosos), pero nos recuerda que este deporte se juega, antes que nada, con la pelota.

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