Música maestro

Me da gusto cuando en algún recital veo a gente del fútbol. Me pasó antes del éxtasis y posterior derrumbe de la era Borghi.

Por Carlos Costas

Me da gusto cuando en algún recital veo a gente del fútbol. Me pasó antes del éxtasis y posterior derrumbe de la era Borghi. Justo un mes antes de que la Selección quedara líder de las clasificatorias tras vencer a Bolivia y Venezuela, vi al Bichi en un concierto de Serrat y Sabina.

Sí, el mismo espectáculo que vuelven a presentar esta noche en Movistar Arena y el domingo en Viña del Mar. Imagino lo agobiante que debe ser la presión y la exposición a la que están sometidos entrenadores y futbolistas de la primera línea. Una pausa para dejarse llevar por la música de artistas tan grandes como estos dos españoles (o catalán, para que no se enoje Serrat) debe ser aire fresco y alimento para el alma. Ver a Borghi esa noche confirmó muchas de las buenas cosas que pienso y sé del ex técnico de la Roja.

Lo mismo corre para el brazo derecho de Sampaoli, Jorge Desio, quien se quedó en Santiago para planificar el trabajo físico de los seleccionados y aprovechó de asistir a la presentación del cubano Silvio Rodríguez en el Monumental esta semana. Al propio Jorge Sampaoli me tocó verlo este año en un concierto de Vicentico en el teatro Caupolicán. Supe también de su interés y de un frustrado encuentro, que por fechas no se pudo concretar, con los músicos de La Renga, en una de sus últimas visitas a Chile. Admirador de Gustavo Cordera, Charly García, Los Piojos, Fabulosos Cadillacs y Callejeros, el hombre de Casilda es un conocedor profundo del rock trasandino.

Salir de la rutina. Saber que hay algo más que una pelota, transferencias, millones de dólares y esa falsa ilusión de la farándula y las chicas de moda, amplía la conversación y el horizonte de un paisaje que por lo general es bastante chato.

Tampoco exagero ni hablo de la cartelera del teatro Municipal, la ópera o un concierto de Mozart. Siempre recuerdo con especial afecto el día en que me encontré con Arturo Jáuregui en un concierto de Mark Farner en el estadio Chile. Si usted no conoce a Mark Farner lo perdono. No todos tienen por qué saber el nombre del guitarrista de Grand Funk Railroad, la popular banda estadounidense de rock setentero (“Are you Ready”, “We’re An American Band” ¿le suenan?). Ahora, si usted no recuerda al Chico Jáuregui ahí sí que estamos en problemas. Jugador de Magallanes, Aviación, Unión Española y campeón con Colo Colo, hoy se dedica a su negocio de carnes en Lo Valledor. Esa noche en el estadio Chile lo vi disfrutar los viejos éxitos rockeros de Grand Funk, con su chaqueta negra de cuero. De la misma época es el Pititore Cabrera, quien en una nota publicada hace pocos días en El Mercurio, se declaraba admirador de Deep Purple desde su juventud. El quillotano actualmente trabaja en una escuela de fútbol y en sus ratos libres ayuda a unos amigos a vender paltas y chirimoyas en la feria. Tan inolvidables como los clásicos del rock fueron las volteretas del delantero y símbolo de San Luis.

En esto, hay para todos los gustos y estilos. Recuerdo al Mago Valdivia y otros seleccionados en la época de Bielsa, disfrutando un show de Aventura. Iván Zamorano es cliente habitual de los conciertos más romanticones, al estilo Sin Bandera o Luis Fonsi, y Jonathan Cisternas apareció este año en el camarín de Los Bunkers, durante un concierto en Chillán, para regalar personalmente a los muchachos una camiseta de Ñublense. Aunque muchos no lo crean, hay vida más allá de la cancha, el camarín o la discoteca.

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