Queremos tanto al Pato

El ángel de la guarda de Yáñez trabaja horas extraordinarias, porque pese a sus bribonadas es imposible enojarse con él.

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El accidente cerebro vascular que sufrió Patricio Yáñez el martes 4 incendió las redes sociales y dio paso a tal manifestación de afecto que nos hizo recordar el título de un libro de Julio Cortázar: “Queremos tanto a Glenda”.

El Pato Yáñez es una de las personas más queribles que conocimos en el fútbol, como el reportero Miguel Merello, los arqueros Walter Behrends, Arturo Rodenak y Daniel Morón, los volantes Coto Acevedo y Pancho Cuevas, y unos pocos más. El ángel de la guarda de Yáñez trabaja horas extraordinarias, porque pese a sus bribonadas es imposible enojarse con él.

Un mediodía en El Sauzal, el campo de entrenamiento de Universidad de Chile, le propuse hacerle una entrevista con preguntas y respuestas rápidas, tipo pimpón. Me felicitó por la idea y con entusiasmo me recomendó que la hiciéramos al día siguiente: “Mañana tenemos sesión en el estadio del Banco del Estado, en Las Condes. Vamos a estar más tranquilos, allá hay mesas, nos servimos unas empanaditas de queso y tomamos una cerveza”. Y se despidió de abrazo. Un compañero de la U escuchó la invitación de Yáñez y me advirtió: “Este fin de semana jugamos en Calama. El Pato no va a aparecer”. Dicho y hecho.

La simpatía con que Yáñez cuenteaba impedía cualquiera molestia del afectado. En ocasiones se reunían a su lado seis personas y les decía: “Llámenme para juntarnos” y les daba el número de celular. Claro que a cada uno le entregaba un número distinto…

La expresión cristalina de niño de Primera Comunión es su mejor aliada. Con ella puede versear mejor que un rioplatense.  Incluso, quejarse: “Me han construido una fama que no es real”.

Una tarde de 1990, iba a enfrentar por Universidad de Chile a Colo Colo y antes del partido se fue derecho donde Lizardo Garrido: “¿Cómo estás, Chanito? Tengo la rodilla lastimada, me voy a marcar solo y no van a tener ni que pegarme”. En la primera pelota que recibió, Yáñez escapó con su pique habitual y Garrido apenas le vio la espalda…

En Pedreros, Yáñez tenía una fiel admiradora que no era joven y que por su pequeña estatura era llamada la alcaldesa de Mundo Mágico. Al regreso de una práctica, Yáñez sorprendió a la mujer hablando con otro futbolista. ¡Qué le dijeron al Pato para hacer el tony! Fingió sentirse ofendido y su actuación fue tan completa que llegó hasta a arrojar al suelo una botella de agua mineral…

El martes pasado, Yáñez se hallaba en el gimnasio y al intentar marcar un número en el celular, su dedo no podía dar con el teclado. Fue la primera señal de que algo no andaba bien. Lo siguiente fue ver que lo atendían y pidió que lo llevaran a su casa, porque supuso que se había caído. No tenía sensibilidad en el lado izquierdo del cuerpo y en el derecho de la cara. La rapidez con que fue tratado se tradujo en una recuperación milagrosa, sin secuelas. La preocupación y el cariño de gente de todas las edades se apoderó de Twitter. “Es un hombre bueno”, dice Fabiola, su esposa.

¿La mejor anécdota de Patricio Yáñez? Él salía de las oficinas de Radio Chilena y nos encontramos en el pasaje Phillips. De inmediato dejó unas carillas en una mesa, al lado de una jardinera, para saludar de abrazo, faramallero como siempre. No fue cualquier abrazo, el de O’Higgins y San Martín era una alpargata comparado con ése. Cuando le pregunté cómo estaba, me contestó mirando a los ojos: “Estoy en la mejor etapa espiritual de mi vida… ¡Disfruto de una serenidad tan grande!”. Me alegré por la respuesta, el Pato recogió las páginas y al comprobar que tenían mugre de palomas, formó una pelota de papel y la arrojó con violencia contra las aves que se hallaban en las plantas, mientras exclamaba: “¡Palomas conchesu…!”.

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