Alberto Reyes: ventarrón dejó de soplar

Como muchos boxeadores de esos años, Reyes peleaba "a la chilena" en las calles: "Era fácil, a mano limpia".

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En un país sin memoria deportiva no debe extrañar que haya pasado inadvertida la muerte del ex boxeador Alberto Reyes Ramírez, el domingo 9 de diciembre a los 84 años. Un acorazado de bolsillo, Reyes había nacido el 10 de febrero de 1928 y fue campeón latinoamericano amateur de peso mosca en 1949 y campeón nacional de peso gallo desde 1950 a 1955.

Apodado Ventarrón por su estilo, Reyes era número puesto en el Teatro Caupolicán y en el Luna Park de Buenos Aires. En noviembre de 1953 se midió en México con el Ratón Raúl Macías, quien dos años después sería campeón del mundo. Reyes llegó tres días antes y lo afectó la altura del Distrito Federal: Macías lo ganó por nocaut técnico en el tercer asalto. Poco después, en enero de 1954, volvieron a enfrentarse y Macías se impuso por puntos en 10 vueltas. La bravura de Reyes le costó cara, porque desde el cuarto round combatió con la mandíbula fracturada.

El 15 de abril de 1955, los espectadores del Caupolicán no dieron crédito a sus ojos cuando Reyes y Arturo Rojas (no confundir con el Atómico Antonio Rojas) se cruzaron de derecha en el cuarto asalto y ambos fueron a la lona. La escena fue registrada por Eugenio García, reportero gráfico de la revista Estadio bautizado Er Mago de la Lente, y es la que ilustra esta página.

Reyes se incorporó inmediatamente, pero Rojas quedó en la lona tres segundos. Luego, Rojas se quedó con la corona de los gallos al vencer por K.O.T. en la 12ª y última vuelta.

Años más tarde, los dos rememoraron esa espectacular doble caída. Ventarrón Reyes: “Iba siguiendo a Arturo y quería evitar que se me escapara. Vi que estaba a tiro y mandé el cross de derecha. No supe lo que había pasado, pero ahora lo veo clarito. Cuando lanzaba mi derecha, no sé por qué yo bajaba la mano izquierda. Me paré antes que Arturo, pero todavía estaba mareado, no podía ver claro lo que estaba pasando”.

Arturo Rojas: “Vi que Alberto me venía arrinconando, llevándome a las cuerdas y acortando la distancia. Fue entonces que tiré la derecha con toda el alma y advertí que le había dado justo en la quijada. Después no supe más… hasta que me levanté, pero muy re mal, muy mareado todavía. Si Alberto me hubiera acertado un golpe en ese instante me habría noqueado”.

Como muchos boxeadores de esos años, Reyes peleaba “a la chilena” en las calles: “Era fácil, a mano limpia. Todo estaba en agarrar del pelo al otro con una mano y tirar combos con la otra hacia arriba; no les erraba quiño”.

Una noche Reyes vio que en un circo del barrio Yarur había un campeón que desafiaba al público, por 80 pesos de premio. “Esta es la mía, me dije. Nunca había visto tanta plata junta. Fui a hablar con el empresario, pero él se murió de la risa y me rechazó: yo apenas pesaba 47 kilos. Nadie quiso hacerle collera al campeón y entonces bajé desde la galería. Lo boté cinco veces; si no me lo quitan, todavía le estoy pegando”, relataba Ventarrón.

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