2112, la otra profecía

Advertencia: Esta columna está dedicada a esa legión de ñoños, a la que también pertenezco, amantes del rock progresivo, simpatizantes, conocedores y fanáticos de Rush.

Por Carlos Costas

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Advertencia: Esta columna está dedicada a esa legión de ñoños, a la que también pertenezco, amantes del rock progresivo, simpatizantes, conocedores y fanáticos de Rush. Tanta lesera que se ha escuchado estas últimas semanas con respecto al fin del mundo y las profecías mayas, me hizo recordar que uno de los mejores discos de este trío se llama 2112. Claro que no se refiere a este, supuestamente, fatídico día sino a lo que tres músicos canadienses imaginaron como una fábula ambientada en cien años más, o sea en 2112. Para esa época nuestra galaxia estaría bajo el dominio de la Federación Solar de la Estrella Roja y el planeta gobernado por los sacerdotes de Syrinx. Esta casta computarizada controla todos los aspectos de la vida, incluidas la música, la literatura y cualquier forma de expresión artística.

En medio de este sistema opresivo, un hombre descubre una guitarra ancestral y aprende a tocar su propia música. Asombrado por el hallazgo y pensando que éste será importante para la humanidad, porque abrirá la posibilidad de que cualquier persona cree sus propias melodías, el hombre acude a los sacerdotes, quienes al enterarse del hecho destruyen el instrumento y reprenden severamente al protagonista por desentrañar este antiguo objeto: “Olvídate de tu tonto capricho, no concuerda con el plan”. Para los jerarcas, la guitarra era un juguete que había ayudado a destruir una civilización anterior de la raza humana.  Pese a los argumentos del héroe de la historia -“aquí hay algo tan fuerte como la vida”- sus nobles propósitos sucumben ante el poder de los sacerdotes. Desolado por esta situación, este hombre se sumerge en un sueño donde imagina cómo era la vida antes del régimen de la Federación. Al cierre, el relato nos sugiere la muerte del protagonista y todo concluye con un escalofriante bando interplanetario: “Atención a todos los planetas de la Federación Solar. Hemos asumido el control”.

Rush publicó este disco en 1976. Fue su cuarta entrega y marcó el despegue definitivo en la carrera de una banda que se mantiene muy activa y es considerada de culto entre los seguidores del rock. Su álbum anterior, “Caress of Steel” (1975), había tenido un rotundo fracaso comercial y por eso el sello los presionó para que dejaran de lado los temas largos y conceptuales. Fieles a su convicción, y jugándose una última carta, los músicos de Rush desestimaron la opinión de los ejecutivos discográficos y decidieron abrir el álbum 2112 con una suite de 20 minutos. La pieza ocupaba toda la cara A del vinilo y contenía esta historia, que no es otra cosa que una alegoría sobre la tensión permanente entre el bien y el mal, representada en la lucha que enfrenta a fuerzas positivas como la música, la creatividad y la libertad de expresión contra gobiernos autoritarios que alientan el control de las masas y sistemas que imponen una mentalidad colectiva que termina anulando al individuo. Lo de Rush era ficción futurista de los 70 pero si pensamos en el bombardeo mediático al que hemos sido sometidos, especialmente desde la TV, con esta tontera del acabo de mundo, no es tan absurdo especular con los intereses, o tal vez la simple ignorancia, que terminan imponiendo un discurso idiota, carente de lógica y rigor, como una expresión actual de manipulación y control.

Este disco y los conceptos, extraídos fundamentalmente de la obra de Ayn Rand y su libro “Anthem” (Himno), dieron a la banda un estatus mayor dentro del rock progresivo, pero también les significó publicidad negativa, especialmente en Inglaterra, donde la revista NME los acusó de ser extremistas de derecha y encubrir alusiones al nazismo.

La primera vez que escuché 2112 fue a mediados de los 80 gracias a un primo. Su papá le había traído el cassette de Estados Unidos (¿se acuerdan lo bien que sonaban esos cassettes importados?). Rush está en mi top 10 de bandas favoritas de la vida y nunca pensé que podría cumplir el sueño de verlos en vivo hasta que dieron ese memorable concierto en el Estadio Nacional hace ya un par de años.  Quizá una buena historia para entender el carácter ñoño de esta banda y sus admiradores es la que cuenta Gene Simmons en el gran documental sobre el trío canadiense, “Beyond the Lighted Stage”. Siempre interesado en la juerga y en estar rodeado de bellas mujeres, el líder de Kiss se sorprendía de lo ensimismados y tímidos que eran los músicos de Rush, cuando compartieron gira los años 1974-75. Incluso llegó a pensar que eran gays porque no se explicaba que pasaran sus ratos libres encerrados en la pieza, leyendo, escuchando música o viendo televisión, mientras afuera todo era fiesta, chicas, sexo y rock and roll. Sabemos que Gene siempre fue un deslenguado.

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