Harold vs. Ruiz Tagle, capítulo 1.000

Con todo reapareció Harold Mayne-Nicholls en la palestra pública.

Harold vs. Ruiz Tagle, capítulo 1.000
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Con todo reapareció Harold Mayne-Nicholls en la palestra pública. Poco amigo de las entrevistas, en especial cuando se trata de espacios deportivos y no de revistas dedicadas al poder o la economía, el ex presidente de la Anfp habló in extenso con Radio ADN. Y, como casi siempre tras su traumática derrota en las elecciones del fútbol chileno de noviembre del 2010, sus dichos generaron polémica, sacaron roncha y dejaron heridos en el camino.

Ya han pasado más de dos años desde la crisis que sacudió a los cimientos de la dirigencia del fútbol chileno. Es un tiempo largo el que ha transcurrido. Mucha agua ha pasado bajo el puente futbolístico. Sin embargo, los odios personales parecen mantenerse, los protagonistas que estuvieron en bandos distintos durante la crisis siguen sin tragarse y los deseos de revancha están lejos de acabarse.

¿Qué nuevo dijo Mayne-Nicholls? Poco y nada en realidad. Sus sentencias y opiniones estuvieron en la línea de lo que ha asegurado desde que estalló la crisis en Quilín: que Gabriel Ruiz-Tagle fue el principal articulador de su oposición, que la traición se gestó durante el Mundial de Sudáfrica, que claramente el hoy subsecretario de Deportes operó desde oficinas gubernamentales en contra del ex funcionario Fifa y que su proyecto institucional para el fútbol chileno se vio truncado por mezquinos intereses particulares de algunos clubes y dirigentes que, a la luz de los acontecimientos, lograron conformar una mayoría electoral para truncar la reelección del periodista en la testera de la Anfp.

¿Por qué tanto revuelo entonces con la entrevista en Radio ADN? Simple, a pesar del paso del tiempo las heridas no se curan y hoy, en pleno año electoral y con Mayne-Nicholls como fijo candidato para asumir algún cargo en los potenciales gobiernos de Michelle Bachelet o Laurence Golborne, cualquier dardo que lance Harold contiene un veneno potente y atractivo para el juego de los medios de comunicación.

Mayne-Nicholls tiene claro ese poder. Quizá por eso en estos tiempos, cada vez que da una entrevista, el ex dirigente asegura que está lejos de la contingencia y que prefiere hablar de los proyectos sociales que ha desarrollado con su Fundación Ganemos Todos. Pero tras la excusa de protocolo la contingencia siempre aparece una y otra vez, cada vez que Mayne-Nicholls vuelve a enfrentar los micrófonos.

¿Tiene derecho Harold a opinar de lo que ocurre con el fútbol chileno? Por supuesto, además de ser ex presidente de la Anfp es un tipo preparado, conectado hace décadas con lo que pasa en el fútbol nacional e internacional y con la capacidad de analizar los procesos desde el punto de vista de su experiencia.

Según Gabriel Ruiz-Tagle, principal “herido” con las últimas declaraciones del ex funcionario Fifa, Mayne-Nicholls miente descaradamente y está intentando volver al plano público y mediático para posicionarse como carta deportiva en un futuro gobierno de Bachelet o Golborne. ¿Tiene derecho a enojarse el subsecretario? Obviamente, sin embargo a esta altura uno esperaría que Ruiz-Tagle tomara medidas en tribunales si está tan convencido de que las acusaciones de Harold son de falsedad absoluta.

Sin comentarios el palo del periodista a Jorge Segovia (“no cumplió con su palabra de apoyarme y me traicionó”) y la posterior respuesta en Twitter del español (“el bobo grave sigue triste…”). Dos años y medio después de la polémica elección parece impresentable que ambos personajes se queden pegados en una odiosidad personal que, en su momento, lo único que provocó fue el cierre de todos los caminos de diálogo que hubieran permitido evitar que la Anfp se desangrara en una lucha ciega y sorda en pos del poder.

Ojalá Mayne-Nicholls trabaje por el deporte o el fútbol chileno en un futuro cargo gubernamental. De seguro sería un tremendo aporte, en especial si fue capaz de hacer la necesaria autocrítica de los errores que le costaron la derrota electoral en la Anfp. Lo que parece evidente eso sí, es que a dos años y medio de la crisis parece impresentable que los mismos personajes sigan estancados en las mismas disputas, en las mismas odiosidades.