El escarnio público

En los pasillos del edificio de la Anfp cuentan que los árbitros del fútbol chileno están indignados.

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En los pasillos del edificio de la Anfp cuentan que los árbitros del fútbol chileno están indignados con lo que ocurrió esta semana en el sitio web de la corporación. Dicen que el siempre impenetrable cuerpo arbitral perdió su habitual actitud circunspecta al enterarse de que, a partir de este lunes, la Anfp decidió hacer públicos los castigos recibidos por aquellos jueces de mal desempeño en los torneos de Primera y Primera B.

Los jueces hablan de que la medida los expone ante la opinión pública, los deja en evidencia ante el juicio de la galería y los desnuda frente a la casi siempre negativa evaluación que hacen los medios de comunicación de su labor.

¿Y qué tiene de malo que los castigos se hagan a puertas abiertas? A mi juicio nada. Los árbitros, como todo estamento que ha elegido un oficio expuesto, deben asumir que sus aciertos y errores, sobre todo estos últimos, estén bajo la siempre lapidaria lupa de la evaluación pública. Porque cada vez que un juez entra a una cancha o hace sonar su silbato, sabe que sus decisiones provocarán reacciones, tendrán incidencia en los resultados y generarán más o menos polémica dependiendo de lo acertada o equivocada de una determinación arbitral.

Pablo Pozo, presidente del Comité de Árbitros, reaccionó con un escueto “sin comentarios” al enterarse de la medida de la Anfp. Mientras que el ex referí Enrique Marín fue contundente, asegurando que “(…) esto le quita credibilidad a los árbitros, porque cuando vuelvan de una sanción no va a faltar el jugador que lo cuestione porque viene de un castigo por mal desempeño”. ¿Tiene razón Marín? Puede ser que no falte el futbolista que se quiera pasar de listo y aprovecharse del pánico para hacer tambalear la autoridad del juez. Sin embargo, será el propio árbitro quien deberá ignorar esas provocaciones, concentrándose en no repetir los errores ya cometidos y utilizando el castigo público como la posibilidad de sacar conclusiones del tropiezo y mejorar su rendimiento con el pito y las tarjetas. Por último, en alusión a los temores de Marín, son los propios jugadores los que más de una vez han llorado frente a los micrófonos la necesidad de que los árbitros sean suspendidos cuando cometen errores. Bueno, ahí está la medida que pedían y la idea es que sirva para mejorar el nivel del referato, no para que empeore.
Otro que opinó en contra de la publicación de los castigos fue el ex árbitro Carlos Chandía, quien afirmó “no estoy de acuerdo, no me parece una medida sana. Fifa no lo hace con sus árbitros y tampoco lo hace la Conmebol”. Uf, bienvenida entonces la medida de la Anfp. Entre más nos alejemos del desastre de arbitraje de la Fifa y la Conmebol mucho mejor para nuestro fútbol.

Se entiende que nuestros jueces no quieran exponerse al escarnio público, a nadie le gusta. Pero tampoco tienen que cortarse las venas ante las críticas. Cuando se trabaja en una actividad con alta exposición no queda más que aguantar el chaparrón cuando la cosa viene fea. Muchas veces, precisamente en esos momentos complicados en que todos le disparan al que parece caído, es cuando afloran aquellos distintos que terminan imponiéndose por su capacidad de soportar el vendaval, aprender de los errores y mejorar en lo que hacen. Esa actitud tienen que tener de ahora en adelante los árbitros: tomar las críticas de quién vienen, no darles mayor importancia que la que tienen y concentrarse en lo realmente importante para cada uno de ellos, es decir, entender que el escarnio público es mucho menos grave y trascendente de lo que muchos creen.

Bien por la medida de publicar las sanciones para los jueces. Y es que después del bullado escándalo del “club del póker” no quedaba otra que abrir las ventanas de par en par en el arbitraje nacional.

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