Hacer mejor que decir

Llaman la atención las palabras de Alexis Sánchez diciendo que es uno de los mejores jugadores del mundo.

Hacer mejor que decir

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¿Alexis es uno de los mejores jugadores del mundo? Al menos él lo cree. / Archivo.

Tantas veces que me han preguntado de qué está hecho un buen deportista, uno de elite, el que se codea con los mejores del mundo. Ese que no sólo tiene las condiciones físicas, sino un agregado que lo hace destacar por sobre quienes tienen las mismas ventajas de nacimiento. 

Las mismas infinitas veces me he preguntado cuál es el “agregado” mágico. Que tiene por ejemplo el fenómeno de Federer, con la longevidad como guinda de la torta. ¿Alguna vez le hemos leído alguna frase de auto complacencia? ¿Desmerecer a sus rivales, dar algo por seguro, o considerarse –aún siéndolo positivamente- el mejor del mundo? Todo lo contrario: Roger Federer se ha mantenido discreto, educado, respetuoso, sin dar nada por sentado a pesar de sus facultades extraordinarias. Siempre alerta de que alguien se le pueda envalentonar y ganarle un partido.

Michael Jordan, inmortal. Sus frases en las redes sociales le han valido vida y popularidad después del retiro. Reflexiones del tipo “sin dolor, no hay progreso”, “si lo quieres, trabaja por ello”, “si nunca has cometido un error, quiere decir que jamás has tratado nada nuevo”, y la más simple pero verdadera de todas, “el talento es un regalo. El éxito se gana”. Para los deportistas que quieran aprender de uno de los más grandes basquetbolistas y filósofos del deporte, su cuenta en twitter es @itsMichaelJ.

¿Para dónde voy? Además de destacar las cualidades humanas de humildad y respeto por los pares que componen su medio de trabajo, por parte de aquellos deportistas que se han destacado por sobre otros -lo que definitivamente es parte de ese componente mágico que los encumbra- voy por poner un llamado de alerta para quienes piensan que en el ámbito deportivo sólo basta con las condiciones físicas.

Que el resto se da por sentado, que viene sólo y se merece, que es un camino natural si se nació dotado. Que basta un contrato en Europa, en el mejor equipo del mundo, y ya se alcanzó la meta. Y vamos con las exigencias antes de ganarse una trayectoria, que nadie les critique el rendimiento porque se amurran y no les dan ganas de volver a competir por el país. Llaman la atención en ese sentido las declaraciones de Alexis Sánchez para referirse a sí mismo como uno de los mejores jugadores del mundo y capaz de ganar un partido solo. Más aún en el momento en que se encuentra, uno de duda y de banca más que de cancha.

No es tema analizar acá si debe o no irse del Barcelona a un equipo donde luzca más. El asunto es el halo de autodefensa que se siente cuando escuchamos declaraciones como éstas, echando mano a laureles pretéritos que son los peores enemigos del progreso. La constancia y los resultados se consiguen con esfuerzo diario y trazándose metas nuevas todos los días -otra de las características de los iluminados que se destacan-, pero jamás verbalizando las virtudes propias como garantía de calidad perpetua. Porque si hay algo cierto en el deporte es que no es necesario decir las cosas: se dicen solas cuando se hacen.