Historias de maratón

El domingo 7 de abril, Santiago seguirá engrosando la lista de historias de maratón.

Por Soledad Bacarreza

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El atletismo, por la diversidad de sus pruebas, es el deporte que mayor cancha les presta a las anécdotas, hechos curiosos, accidentes insólitos.

El maratón, a propósito de los tres días que faltan  para el nuestro, también es fuente inagotable de historias. Una de ellas, en la primera carrera moderna. Spiridon Louis, el griego  ganador del maratón olímpico en 1896, fue consultado acerca de qué premio quería, a lo que respondió “una carreta y un burro para transportar agua, y que liberen de la cárcel a mi hermano, preso por una pelea”. Recibió su transporte, una pequeña granja y además un servicio de barbería vitalicio. Del hermano, nunca se supo. Como tampoco nadie supo cómo Melpómene, una mujer empeñada en correr ese primer maratón olímpico, logró hacer el circuito al lado de los corredores, sobrepasar a los agotados y terminar el recorrido en el estadio vacío en 4 horas y 30 minutos. Pasaría casi un siglo para que oficialmente se incluyeron a las mujeres, recién en Los Angeles 84.  Y a raíz de esta carrera en Atenas, un grupo de espectadores de Boston quedó tan impresionado, que al año siguiente organizaron el primer maratón de esa ciudad, con 15 participantes.

Dorando Pietri es uno de los nombres más famosos de “la” o “el” maratón -ambos son aceptados- por su dramática llegada en Londres 2008 casi desmayado, ayudado por los jueces y árbitros a retomar el rumbo perdido y cruzar la meta en primer lugar. Pietri fue descalificado en favor del segundo, el estadounidense John Hayes, pero dentro de los espectadores impresionados por su esfuerzo, estaba el escritor Arthur Conan Doyle, creador de Sherlock Holmes. Fue él quien convenció a la Reina de entregarle en el palco oficial una copa de oro al italiano en señal de “ganador moral”.

Dentro de los “inmorales”, el norteamericano Fred Lorz, ganador del maratón de St Louis 1904 se lleva todos los laureles: agotado  a los 14 kilómetros, fue subido a un auto por su mánager durante casi 18 kilómetros. Lorz se puso a correr sólo cuando el vehículo quedó en pana y entró al estadio como ganador de la carrera. Ante el engaño, fue sancionado de por vida, pero sus disculpas le devolvieron el derecho a competir y al año siguiente, ganó el maratón de Boston. En las damas, la más tramposa de todas hasta la fecha es la cubana Rosie Ruiz, quien en el maratón de Boston en 1984, cruzó la meta en impresionantes 2 horas y 31 minutos, 25 menos que su mejor marca. Llegó sin siquiera transpirar y sin haber sido vista pasar por los puestos de abastecimiento. La evidencia recabada fue tan contundente, que Rosie tuvo que admitir que tomó el metro y se reincorporó a la carrera apenas un  kilómetro antes de la meta.

Ayudas más honestas recibieron otros grandes corredores de maratón y distancias largas. Emil Zátopek, empleado de la firma checa Bata de calzado, recibía unas zapatillas rojas especialmente confeccionadas por sus compañeros, a escondidas de los jefes. Punto de partida para los 18 récords mundiales y las cuatro medallas de oro olímpicas que ganó en el 48 y 52. Ayuda que rechazó Abebe Bikila en Roma 60, echando por tierra el mito de que le gustaba correr descalzo. Lo cierto es que sus zapatillas se rompieron, lo llevaron a varias tiendas, pero ninguna le acomodó, por lo que el etíope prefirió sólo sus pies desnudos al riesgo de heridas por un calzado inapropiado. Para Tokio 64, el problema estaba largamente solucionado.

Por último, los 42 kilómetros 195 metros que se corren fueron establecidos en 1908 durante los Juegos Olímpicos de Londres. La reina Alejandra hizo agregar los 2.195 metros para que la meta de la carrera, que comenzó en el castillo de Windsor, fuera justo frente al palco oficial del estadio White City. En 1921, la Federación Internacional de Atletismo dejó oficialmente registrada la distancia que se corre hasta hoy. La misma, incluso, que se disputa en los Ironman.
El domingo 7 de abril, Santiago seguirá engrosando la lista de historias de maratón.

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