La difícil transición

Darío Franco no pondrá su nombre en la historia de Universidad de Chile por razones propias y ajenas.

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El 4-3 sobre Huachipato le dio un poco de aire, pero no mucho más. Él mismo lo dijo, de manera críptica, pero no tanto, que no sigue una vez terminado el actual campeonato oficial. A Venezuela viajó con unas cuantas bajas importantes (Pepe Rojas, Sebastián Ubilla, Johnny Herrera), dando a entender que la clasificación a la siguiente ronda de la Copa Libertadores está perdida más allá de que las matemáticas digan lo contrario.

Darío Franco no pondrá su nombre en la historia de Universidad de Chile por razones propias y ajenas. En lo personal le cabe no dar jamás con un equipo titular y experimentar incluso en un duelo tan importante como el del jueves pasado contra Olimpia. Ese mismo partido genera demasiadas preguntas y el silencio del camarín azul las profundizan. ¿Por qué dejó a Guillermo Marino y Gustavo Lorenzetti en la banca? ¿Para un duelo como ese eran mejores cartas Juan Ignacio Duma y Nicolás Maturana? El manual indica que para un torneo tan importante como la Copa Libertadores son los veteranos, los hombres de oficio los que definen en momentos cruciales. Sin embargo el técnico azul hizo todo lo contrario: se jugó por los “verdes”, los nuevos. El resultado quedó a la vista. Es imposible creer que la decisión pasara por algo técnico o que un hombre con tanta experiencia se jugara un carril de esa magnitud. Podría ser en la Copa Chile contra Magallanes o el Chago Morning, pero no frente a Olimpia, por la Libertadores, en un encuentro de vida o muerte.

Las dudas se acrecientan con la actuación azul del domingo. Tanto Marino como Lorenzetti fueron titulares y la capacidad ofensiva azul mejoró de manera evidente. ¿Se quiso suicidar Franco? Sus palabras una vez terminado el partido contra Olimpia daban a entender que no había mucho más que hacer, que la derrota era poco menos que inevitable.

¿Es culpable de manera completa Franco? Sería injusto decirlo. En primer lugar porque heredó la carga de un ciclo muy exitoso y casi imposible de replicar. En segundo, porque en Azul Azul se tomaron malas decisiones técnicas (Isaac Díaz, Sergio Velázquez, César Cortés, Enzo Gutiérrez, Juan Pablo Passaglia) o la venta en medio del campeonato de un jugador clave como Matías Rodríguez.

Tampoco ayudó Jorge Sampaoli con algunas compras (Luciano Civelli) y la exigencia física que lesionó por largo tiempo a elementos fundamentales (Charles Aránguiz, Ezequiel Videla, Osvaldo González). Este panorama le dejó poco margen de maniobra al técnico rosarino.

Al hincha azul el paladar le quedó sensible y ya no acepta cualquier cosa. No le sirve un partido bueno por acá y una victoria por allá; exige jugar bien y ser campeón. Pero el panorama no está para eso en este momento. La Libertadores 2013 no va a ser y el campeonato de Transición se complicó con los cinco puntos de diferencia que puso Unión Española y la irregularidad de la campaña azul. Lo sano es buscar un nuevo entrenador y pulir el plantel. En este momento, la abundancia no es sinónimo de riqueza. Además, el dato es relevante, al menos cinco jugadores importantes partirían en junio.

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