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Valenzuela es de esos jugadores que no meten ruido, pero siempre están. El futbolista 100% profesional. Y, lamentablemente, no son tantos...

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“El Chico reconoció que vive “para el fútbol y no del fútbol”. Crédito: Agencia UNO

Es su 19ª temporada en Primera División y todavía mantiene gran parte de la velocidad. Con 37 años Rodrigo Valenzuela fue una de las figuras de Universidad Católica en el importante triunfo sobre Ñublense en Chillán, que acercó a los cruzados al líder, Unión Española. No vamos a descubrir al Chico Valenzuela a esta altura, ni a taparlo de elogios desmedidos, ni a canonizarlo simplemente por jugar en forma constante, seria y profesional por casi dos décadas (aunque, como está el fútbol, capaz que lo merezca).

Valenzuela es de esos jugadores que no meten ruido, pero siempre están. No le hace el quite al entrenamiento y nunca se le vio metido en un lío de disciplina o escándalo fuera de la cancha. Tal vez supo que su destino era ser un buen futbolista y no una estrella. Y trabajó por lograrlo.

Debutó en un equipo bravo, de grandes elementos y personalidades distintas. Esa Unión Española de 1994 mezclaba jugadores de todos los paladares: Ricardo Perdomo (duro), Mario Lucca (caudillo), Sergio Rivero (picapedrero), José Luis Sierra (exquisito), Juan Carreño (potente), José Luis Sánchez (veloz), Carlos Morales (goleador)… Un lote pesado liderado por Nelson Acosta en su época más lúcida, después se transformó, y donde se asomaban jóvenes promesas como Pablo Galdames, Rodrigo Ruiz y el mismo Rodrigo Valenzuela.

Por entonces era un alero derecho, rapidito y de buena técnica. Incluso el Bigotón Xabier Azkargorta lo puso en alguna nómina con 20 años recién cumplidos. Valenzuela las vivió todas, se fue al descenso con Unión en 1998 y también supo salir campeón con Santiago Wanderers (2001), América de México (2006) y Universidad Católica (2010). Cuando se recuerdan esos equipos, pocos nombrarán a Valenzuela entre sus jugadores más destacados, pero siempre cumplió con su cuota de trabajo y seriedad, sin alardes. Tampoco está en la lista de los que deslumbraron con la camiseta de la selección nacional, pero no le hizo el quite a las nominaciones y en la Copa América del 2004 en Perú respondió con eficiencia a su titularidad por la banda derecha. Porque ese es otro de los méritos del Chico: ser un jugador disciplinado y colectivo. Con el tiempo fue retrocediendo en la cancha y ahora es de los pocos laterales verdaderos que tiene nuestro fútbol, de esos que no se ahogan contra la raya y pueden cerrar o subir al campo contrario, metiendo un centro o la diagonal como en el segundo gol contra Ñublense.

¿Por qué tanta cueca con Valenzuela? Porque, entrevistado ayer por la radio ADN, el Chico reconoció que vive “para el fútbol y no del fútbol”. O sea, le gusta lo que hace y trabaja cada día con placer, sin quejarse, ni sufrir. Es un privilegiado que hizo del deporte su profesión y de su cuerpo la herramienta de trabajo. A los 37 años no podría estar vigente ni mantener gran parte de su velocidad natural si no trabajara conscientemente para ello.

De sus palabras se escuchaba la tranquila satisfacción del hombre que hizo carrera. El futbolista 100% profesional. Y, lamentablemente, no son tantos…

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